Van a ganar los míos

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Francisco Sánchez Hoy van a ganar algunos que son de "los míos". Aunque esto de "los míos" y "los otros" es una forma muy callejera de referirse a los políticos de turno. Ya saben que hay amigos, enemigos y compañeros de partido. Y al grito de: "¡Al suelo, que vienen los nuestros!", más de uno estará esperando que no ganen los suyos porque "los míos", a veces, son más malos que Caín. Es la política, colega.
Hay una ola, tsunami, de voto pepero que puede colocar el mapa de España en azul, aunque yo creo que la izquierda va a tener su aguante. Hay mucho indeciso, y los del PSOE no están diciendo qué van a votar, y hasta el último suspiro hay partido. Aquí, en Alicante, todavía se van a salvar algunos alcaldes a base de su compromiso con los ciudadanos. Y porque en las listas de "los míos" hay unos cuantos que no valen para nada. A algunos sólo se les reconoce su peloteo baboso hacia Valencia para colocarse en unas listas ganadoras. Y ésos, a mí, no me parece que sean de "los míos".
Algunos de "los míos", si pudieran, me crucificaban. Ganas me tienen. Porque esos que dicen representar al PP, con esa inquina personal y esa falta de libertad de expresión, no son de "los míos". Yo, que soy un liberal social, ácrata, y revoltoso, no me identifico con algunas personas que bien pudieran estar en cualquier Gestapo organizada. ¿Por qué creen algunos que por ir en una candidatura del PP el partido es de ellos? ¿Por qué les jode que algunos librepensadores y leales al mensaje de una derecha europea no nos dobleguemos al borreguil "prietas las filas"? ¿Me puede decir alguien porqué creen que ese oligopolio familiar de repartirse los cargos como si fueran una familia feudal va a ser eterno?
"Los míos" están en el Partido Popular. También están "los otros". Mis enemigos no están en la izquierda, donde guardo más amigos de los que me merezco. "Los otros" son una especie de secta alienígena que piensa mangonear en el PP mientras el gentío, que bastante tiene con campear la crisis, no les cante las cuarenta.
A veces me pregunto porqué ningún candidato ha planteado no invertir nada en cuatro años y decir: "Señores nos dedicaremos a pagar las deudas y poner a cero nuestro endeudamiento. Y más tarde, ya invertiremos". Porque "los míos" no debieran ser unos manirrotos. Y creo que "los míos", y "los otros", acaban pareciéndose mucho. Es como si, por el mero hecho de ser político, tuvieras que gastar todo, y más, para que tu gente te valore. ¿Se imaginan ustedes un político que dijese que no piensa endeudarse y pagar a sus proveedores -que son sus ciudadanos- en menos de treinta días? Al populacho -entre los que me encuentro- sólo nos embuchan con promesas de más gasto y más proyectos irrealizables. No va a haber bemoles de saber quiénes son "los míos" y quiénes son "los otros". Y cuando la gente no acabe de diferenciar las políticas, ni a los políticos, y piense que todos son iguales, empezará el fin de esta manera de hacer política.
Hoy van a ganar los que la gente quiera. Pero a mí, contento porque ganen "los míos", me preocupa la falta de democracia interna de los partidos y el hastío de la gente con una situación que se puede cambiar. Cuando algunos de "los míos" mantienen esa ceguera a un líder muy cuestionable, lo hacen por puro instinto de conservación personal, y por inquinas personales.
El debate ideológico de este domingo será el reparto de un pastel que hace aguas por todos los lados. Yo soy de derechas, creo en el mercado y no me resigno a pensar que alguien de Valencia me va a decir a mí quiénes me representan mejor. Esos no son "los míos", aunque ganen. Yo sé dónde estoy. Y si algún día tengo que buscarme a "los otros" de Valencia para cobijarme en ese partido -en el que no estoy afiliado- entonces me tatuaré en el brazo algo muy legionario: Amor de Madre, pero sin Valencia. Para que nunca se me olvide que el que gane -y van a ser "los míos"- tiene que ser generoso con todos. Con "los míos" y con "los otros". No hay vida detrás del rencor.

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