A don pez gordo lo llevan en furgón

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Eugene Robinson Casi basta para dar mal nombre al socialismo.
No sabemos si Dominique Strauss-Kahn, -que el jueves dimitió como director del Fondo Monetario Internacional y, hasta hace unos días, iba a ser probablemente el candidato del Partido Socialista a presidente de Francia- es culpable del intento de violación por el que fue detenido. Como todo hijo de vecino, tiene la presunción de inocencia hasta que la justicia demuestre lo contrario.
Sí sabemos, no obstante, que en el momento del incidente conocido el sábado Strauss-Kahn era huésped de la suite de lujo de 3.000 dólares la noche de un hotel pijo de la zona comercial de Manhattan. También sabemos que cuando fue trasladado a comisaría horas más tarde, desde un avión con destino a París en el que había embarcado e iba a despegar en breve del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, los agentes lo encontraron cómodamente instalado en la sección de primera clase.
No me parece a mí que sea así como se supone que viajan los socialistas.
El matiz de decadencia opulenta que tiñe el episodio entero parece, a primera vista, arrojar una luz deshonrosa sobre los poderosos e intocables burócratas de la jet-set internacional en general, con tal vez un matiz especial de vergüenza sobre la variante intelectual francesa. Pero Strauss-Kahn, que tenía su despacho en la sede del Fondo Monetario Internacional en Washington, se encontraba al parecer en Nueva York en viaje privado. Es concebible pensar que sus colegas y él, en el desarrollo de sus deberes oficiales en nombre de la humanidad, puedan pernoctar en habitaciones que cuesten menos por noche de lo que ganan la mayoría de los trabajadores del mundo en un año.
Por otra parte, de haberse tratado de una visita del Fondo Monetario, Strauss-Kahn habría estado protegido por la inmunidad diplomática, y de esa forma, tal vez, se habría evitado la humillación de pasar la noche en el calabozo de la Unidad de Delitos Especiales mientras los detectives registraban su persona en búsqueda de pruebas potenciales de ADN. Casi con total seguridad se habría ahorrado "el paseíllo" esposado ante un enjambre frenético de fotógrafos al ser puesto a disposición judicial.
Es difícil ver la situación de Strauss-Kahn sin una dosis de ironía y tal vez un toque de alegría malsana. No tiene nada de remotamente divertido, sin embargo, la presunta violación -la cual, debo destacar, el abogado de él niega categóricamente-.
Lo que quiera que sucediera, tuvo lugar en el Sofitel, uno de los impecables entre los hoteles del segmento elevado de Nueva York. Una empleada de 32 años de edad -inmigrante africana, según las informaciones publicadas- entró en la habitación de Strauss-Kahn para limpiar, creyendo que el huésped ya la había abandonado. Según su versión, Strauss-Kahn salió desnudo del baño. Ella se disculpó e intentó marcharse, pero Strauss-Kahn presuntamente le cerró el paso, la tumbó en la cama de la habitación y a continuación la violó en el cuarto de baño.
La trabajadora denunció la presunta violación a su responsable de planta, pero para cuando llamaron a la policía, Strauss-Kahn había abandonado el establecimiento. Él telefoneó más tarde al hotel para decir que estaba convencido de haberse dejado su teléfono móvil, no obstante, y, según las informaciones publicadas, un despierto recepcionista le dijo -falsamente- que habían encontrado el móvil y le preguntó a dónde se lo podían enviar. Así es al parecer como se enteraron las autoridades de que se encontraba en el aeropuerto JFK, a la espera de embarcar en un vuelo de Air France con destino a París. La seguridad del aeropuerto abordó el aparato y realizó el arresto mientras el avión se preparaba para cerrar la manga.
La detención de Strauss-Kahn tuvo un impacto inmediato y trascendental. Lo más definitivo parece ser la defunción de su carrera política, y con ella, tal vez, la posibilidad con más probabilidades de éxito que podría haber tenido el Partido Socialista de derrotar al Presidente Nicolás Sarkozy en las elecciones del año que viene. Una fotografía esposado no es la clase de cosas de las que se recupera un político. Bueno, ningún político menos el antiguo alcalde de Washington D.C. Marion Barry.
Y la detención se produjo en medio de las delicadas, complejas y urgentes negociaciones para rescatar a las economías más expuestas de la Unión Europea. Strauss-Kahn fue la figura clave de las actuales conversaciones, y aunque otras pueden sustituirle, los mercados financieros podrían agitarse a consecuencia de su súbita ausencia.
Los tertulianos en Francia manifestaban sorpresa, indignación y vergüenza. Incluso si las acusaciones de Nueva York resultan ser falsas, el incidente reaviva los recuerdos de una aventura admitida que mantuvo Strauss-Kahn con una subordinada. La prensa francesa difundía inmediatamente crónicas que recuerdan lo que describen como el largo historial de comportamientos agresivos, desagradables y hasta abusivos hacia las mujeres que tiene Strauss-Kahn.
Es útil ser recordado que hubo un tiempo en el que los caballeros con poder podían esperar que a los incidentes de esta naturaleza se les restara importancia como malentendidos o indiscreciones o faltas leves, que no había que procesar como cargos criminales. Sí, suena a la era de los dinosaurios. Dominique Strauss-Kahn muestra todos los síntomas de ser uno.

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