Otra campaña es (im)posible

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José María Tortosa Ya queda menos, aunque de inmediato comenzará la precampaña de las siguientes elecciones ya que eso es básicamente la política: estar en campaña, sea en el gobierno o en la oposición. Lo que sigue son ideas que me hubiera gustado oír más frecuentemente en la presente campaña en boca de unos y otros.
Algunas cosas son obvias. No hubiera venido mal que se hubiesen evitado los insultos, los ataques personales y las ofensas malintencionadas incluyendo a la familia del oponente. No está muy claro que haga ganar o perder votos, pero sí hace perder prestigio a una clase política cuando se pone grosera .Y tampoco estaría mal que no prometiesen aquello para lo que no se tienen competencias aunque quede bien ponerlo en el supuesto "programa" de la respectiva localidad. En general, sería de agradecer que hablasen de lo que esté en discusión: si es local, local. Y que no se vayan por extraños derroteros como la candidata del PP que afirmó que el paro había disminuido en España y en la Comunidad Autónoma el último mes, pero que había aumentado en su municipio por culpa de su alcalde y que eso se había producido porque ¡el alcalde socialista había aplicado las mismas políticas que Zapatero! Verdadero insulto a la inteligencia.
Ya sé que no harán caso a estas sencillas demandas. Pero todavía es más inútil esperar que hagan lo que uno, en su ingenuidad, hubiera esperado en las actuales circunstancias. Veamos: la situación financiera de muchas administraciones locales es realmente catastrófica, fruto de una mala gestión y de la simpleza de suponer que las cosas nunca cambiarían y que el "ladrillo" sería eterno. Sencillamente, son morosos, deben más de lo que tienen o esperan recibir y están en bancarrota. Ese sería el punto de partida. En otras palabras, hubiera deseado que se partiese de un diagnóstico de la realidad más evidente e inmediata: la presupuestaria, no sólo de la necesidad mayor o menor de zonas verdes que no tienen posibilidad de financiación. Y esa realidad es la que ha llevado a las universidades valencianas a tener que pedir créditos puente para pagar los salarios y van a tener dificultades en volver a conseguirlos, pasadas las mentiras electorales, de entidades financieras que o tienen problemas o no quieren tenerlos.
Doy por supuesto que el gobernante no se hará responsable de la mala situación sino que echará la culpa a otro, por supuesto de otro partido. Pero, entonces, no vendría mal que dijese qué va a hacer con la quiebra tanto si repite en el cargo como si lo logra después de haber pasado por la oposición. Y lo que puede hacer son tres cosas que no se excluyen. Insisto en que deberían haber contestado tanto gobiernos como sus respectivas oposiciones.
La primera es vender las joyas de la familia. Si todavía le queda algo de patrimonio al Ayuntamiento o a la Comunidad Autónoma, que digan qué van a vender o qué concesionarias están ansiosas de hacerse cargo de servicios hasta ese momento públicos.
La segunda cosa que pueden hacer es aumentar los ingresos. Y no me refiero a pedir más al gobierno inmediatamente superior (que eso, si es de otro partido, ya lo hacen con entusiasmo o, si es del mismo, con cautela) sino a aumentar impuestos y tasas. Pues que digan cuáles, sabiendo que lo más fácil es hacer de Hood Robin, es decir, recaudar de los que menos tienen, que hacer de Robin Hood, es decir, aumentar los impuestos de los más ricos, que sería lo más eficiente pero no por ello más probable.
Y, en tercer lugar, podrían anunciar que van a reducir gastos. Por ejemplo, gastos de personal fijo (todavía no se ha planteado reducir el número de funcionarios, pero sí de "congelar" su número y reducir los eventuales), gastos de asesores y cargos de confianza, gastos de representación (coches, edecanes, restaurantes, viajes) y gastos peculiares como el de la concejala que pedía acceder a la mariscada aunque hubiese votado en contra de una determinada decisión o el funcionario que cobra dietas por asistir a una comisión en su lugar y tiempo de trabajo.
También se pueden reducir gastos en determinados sectores fáciles de manejar: en educación y en sanidad. Y, claro, se pueden reducir los gastos, si no de "panem", por lo menos de "circenses", los gastos de festejos que distraen la atención de qué está sucediendo y que los electores disfrutan.
Son temas que se han evitado casi completamente. Por lo menos, levanto acta.

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