¿Necesita alicante un banco CAM?

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Jaime J. Carbonell Martínez Desde esta tribuna quiero compartir con vosotros, ciudadanos y ciudadanas de la provincia de Alicante, unas humildes reflexiones, que hace algo más de un mes me rondan la cabeza y, por qué no decirlo, el corazón, sobre la situación que viene viviendo la CAM.
Es cierto que en estas últimas semanas algunas personas, en su propia representación o en la de corporaciones, asociaciones, sindicatosÉ "se me han adelantado", pero eso significa que lo que podríamos llamar la "sociedad civil alicantina" coincide en una idea y un sentimiento común: Alicante, nuestra provincia, necesita una CAM, o un Banco CAM, me da igual la denominación, pero no me dan igual sus funciones.
Somos una provincia potente, con Alcoy, Benidorm, Dénia, Elche, Elda, Torrevieja, VillenaÉ, su capital, Alicante, y un sinfín de otros municipios, con un potencial industrial o turístico muy importante, generando un PIB que nos sitúa como la cuarta provincia de España, justo detrás de Valencia y muy cerca de Sevilla.
Me podréis tildar de "alicantinista", que lo soy, pero el asunto no deja de ser eminentemente práctico y real. La CAM, probablemente haya llevado a cabo algunas operaciones de forma discutible, seguramente en ocasiones obligada por los poderes públicos, pero en su descargo cabe decir que no ha sido la única, prácticamente todas las cajas han tenido parecidas actuaciones, como ahora es público y notorio.
Pero la CAM también ha hecho muchas cosas bien: su paulatino crecimiento vía fusiones y expansión ha permitido que se pueda ayudar a muchos alicantinos a tener su vivienda, a cursar sus estudios, aÉ tantas cosas; y a muchas empresas pequeñas a ser medianas y a muchas medianas a ser mayores. No lo olvidemos: siempre ha estado cerca del ciudadano, ayudándole a alcanzar sus necesidades; y cerca del autónomo y del empresario, ayudándole a crecer.
Con respecto a su Obra Social, que ha ayudado mucho, pues para eso se crearon las cajas, para suplir las carencias que las administraciones no podían resolver. Desde los ejemplos más sencillos y muy cercanos, no por ello menos importantes: su colaboración en la edición de llibrets, programas de fiestas, de hogueras, de fallas, de moros y cristianos, de todos los pueblos de la provincia, por pequeños que sean; la parte cultural de la Obra Social, como es la pintura, la música, etcétera, que patrocina desde hace más de 60 años; la parte social y solidaria, que colabora con las asociaciones y colectivos más necesitados, sin olvidar la implicación más novedosa de la CAM en proyectos de protección del medio ambiente.
YÉ ¿qué va a pasar ahora? No lo sabemos, pero sí sabemos lo que nos gustaría que pasara. Sí, queremos un Banco CAM, de la mano de nuestra caja, para la provincia de Alicante y su área de influencia. Lo necesitamos porque queremos seguir trabajando y creciendo en esta provincia y no queremos que, cuando necesitemos un préstamo o una ayuda social, todo dependa de "decisiones de la central de Madrid". Su gente nos conoce desde la proximidad y la cercanía.
Necesitamos un buque insignia financiero que sitúe a Alicante en el nivel que le corresponde en el panorama nacional y que nos proyecte, incluso, fuera de nuestras fronteras.
Y esto no es nada diferente a lo que está ocurriendo en las demás comunidades autónomas, todas están luchando -y consiguiéndolo además- por quedarse con sus propios bancos-cajas. No nos lamentemos después.
Por todo ello la "sociedad civil alicantina" quiere dirigirse en primer lugar al equipo directivo de CAM y a toda su gente, para que hagan todo lo que esté en su mano -y nos consta que lo están intentando- para que tengamos un Banco CAM, aquí, en Alicante, donde siempre lo hemos tenido; y, cómo no, a los poderes públicos -al Gobierno de España, a la Generalitat Valenciana- a los partidos políticos, en resumen a todos los que creemos que debemos y podemos tener nuestro Banco CAM, aquí en Alicante, en la Comunidad Valenciana.
Espero con estas líneas mover a los que compartan esta inquietud y al menos sembrar alguna duda, debate o reflexión a los que discrepen.

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