La semántica de los discursos políticos

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Pedro Díaz Cepero No es nuestra intención hacer un tratado riguroso del discurso político, que desbordaría el ámbito y el espacio de un artículo periodístico. Tampoco entraremos en la interpretación del lenguaje corporal, lo que contemplado conjuntamente con la palabra sería metodológicamente más completo, ni pretendemos enjuiciar la semántica de todos los discursos. Tan sólo queremos realizar un análisis somero de las intervenciones del pasado viernes, día 6, en la cadena pública autonómica, RTVV, de los aspirantes a la Presidencia de la Generalitat en las próximas elecciones del 22 de mayo.
Efectivamente, un día después del comienzo oficial de la campaña electoral tenía lugar un debate entre el actual president del Consell, Francisco Camps, por el Partido Popular; Jorge Alarte, por el Partido Socialista PSPV; Marga Sanz, por IU Esquerra Unida EUPV y Enric Morera por Compromis, la coalición formada por el Bloc, Iniciativa y Els Verds.
Hablemos primero de los antecedentes. La realización y el escenario -excesivamente minimalista- preparados para la ocasión por la televisión autonómica, ponía más en evidencia la categoría de bustos parlantes de los intervinientes. El presentador, Xabier Carrau, se limitó a lo estrictamente necesario, y no moderó porque no había nada que moderar. El debate se planteó sin posibilidad de réplica, por lo que cada uno largó su rollo, tan bien aprendido que parecía leído (y quizás fue así). El conjunto resultó bastante más hierático de lo habitual en estas confrontaciones y no es de extrañar que a esas horas de la noche del viernes -ya sábado, porque estamos hablando del filo de la una de la madrugada- más de uno se descolgara del televisor. Lástima, pues, que a un "debate" para algo tan importante para el futuro de los ciudadanos de esta Comunidad, como es la elección de su futuro president, se le diera tan poca cobertura en la televisión pública. Pero no toda la culpa en el encaje horario fue de RTVV, pues parece que el actual president, Francisco Camps, retrasó en más de una hora su comparecencia.
En este ambiente estricto de decoración, con un planteamiento tan preciso de tiempos, movimientos de cámara, encuadres y montaje -mientras hablaba un personaje no se enfocaba a los demás- y con total ausencia de debate, la "cosa" no podía resultar más sosa y antitelevisiva. De hecho, todos los candidatos se contagiaron del escenario y exhibieron una dicción discreta, alejada del tono mitinero propio de estos encuentros.
Empecemos por la intervención de Francisco Camps, que es la que ofrece más elementos de juicio al analista, seguramente porque es la más preparada técnicamente, en el sentido de que recrea fielmente -a excepción de la cadencia musical del discurso y la introducción de algunos vocablos nuevos- los significados y la épica de las proclamas de posguerra. Términos como: "nacional", "españoles", "nación", "esperanza", "fuerza, ilusión, autoestima", "España", "la bandera", "orgullo", "el futuro", "confianza", "país fuerte y grande", "todos los valencianos" , "prosperidad", etcétera, se repiten frecuentemente. Esta apelación a sentimientos básicos y raciales se redondea con las incontables veces que se menciona el término "Comunidad Valenciana", como una especie de jaculatoria.
Hay también un sentido triunfalista y de alabanza al electorado, manifiesto en expresiones como: "somos el partido de todos los valencianos", "estamos orgullosos de nuestra tierra", "somos la mejor comunidad del mundo", "estamos orgullosos de ser de aquí", "estoy orgulloso de los que hacen posible esta Comunidad", "el peso de nuestra Comunidad", "somos un gran pueblo", "estamos preparados para salir de la crisis y ser la Comunidad Autónoma de referencia", y llega ya al paroxismo con lo siguiente: "La Comunidad Valenciana es lo más grande que hay en España y en todo el mundo".
La rúbrica final se manifiesta en expresiones de corte redentorista como estas: "Évamos a regenerar el país, a cambiar el rumbo de España", "Ésomos la solución y la esperanza", "...se impone una regeneración política en España", "Éhacer grande el territorio, dentro y fuera del país", etcétera. No hemos podido encontrar palabras que, siquiera de refilón, abordaran los problemas reales de esta legislatura y las posibles medidas contra la crisis en los próximos cuatro años, o alguna mínima declaración de inocencia o explicación por los casos de corrupción que actualmente le ocupan con la justicia.
El parlamento de Jorge Alarte intentó paliar las limitaciones impuestas por la estructura del programa, dirigiendo su mirada a Francisco Camps, a quien tenía a su derecha, cada vez que le hacía una recriminación, pero la cámara permanecía estática, encuadrando a Alarte, por mucho que éste interpelaba con palabras y gestos a Camps. Una situación, desde el punto de vista del lenguaje fílmico, un tanto grotesca.
Del conjunto de las intervenciones, quizás fuera la de Jorge Alarte la más visceral y apasionada, dentro del tono suave de todas ellas. Destacaría una línea de significados relacionados con la denuncia de la situación provocada a la Comunidad por las causas judiciales pendientes con varios miembros del Partido Popular, a través de vocablos que se repiten como : "honradez", "corrupción", "mentiras", "despilfarro", "recuperar la dignidad", "solvencia", "eficiencia"... Y otro lado, el uso de términos y expresiones que buscan ilusionar al electorado, entrando en lo providencialista, característica común a casi todos los discursos políticos, como por ejemplo: "futuro", "responsabilidad", "...compromiso con los valencianos", "...orgullosos de su tierra", "devolver la ilusión", "esperanza", "... un gran cambio", "...resolver los problemas reales de la Comunidad", etcétera.
En cuanto a la oratoria de Marga Sanz y Enric Morera, la aplicación estricta de la ley electoral redujo al mínimo el material de observación, pues apenas tuvieron tiempo de resumir su postura en unas cuantas frases. Primero, refiriéndose a su natural interés en separarse del Partido Socialista y de crearse un espacio político independiente, sacando a relucir los errores del partido del gobierno en política económica y el castigo que le ha supuesto a las clases medias y populares. Curioso anotar la mayor cantidad de vocablos relacionados con el mundo del trabajo: "paro", "ocupación" "desempleo", "prestaciones" "parados", "riqueza", "futuro" , "trabajadores", "opción de cambio para los progresistas", etcétera. Probablemente fuera el discurso de Enric Morera, representante de Compromis, el más tranquilo y el que más se acercara a la naturalidad, utilizando construcciones sencillas de frases y terminología fácilmente comprensible, con ausencia de retórica, lo que le permitirá, seguramente, conectar mejor con las franjas más jóvenes y cultas del electorado.

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