Las próximas elecciones

 03:08  

José María Tortosa No voy a hablar de estas elecciones locales. A pesar de que hay esfuerzos para presentarlas como primera vuelta de las generales de 2012 -como para pedir que, si ahora "pierden" los socialistas, se convoquen de inmediato las generales-, sigo pensando que han de verse en términos locales. Me parece una estafa afirmar lo contrario: no es lo mismo Benidorm que Elche o Villena. Así que voy a hablar de las generales. Creo que quienes todavía creen que hay esperanza para el Partido Socialista de ganar en las siguientes elecciones pueden leer un artículo del estadounidense Ralph Nader, eterno candidato presidencial, en Bloomberg News de finales de abril, explicando por qué Obama puede ganar las elecciones presidenciales de 2012.
Mi idea, en ambos casos, era que la crisis iba a hacer que los electores, no demasiado ayudados por los medios de comunicación a hacer análisis concretos de situaciones concretas, castigasen a los gobernantes quitándoles el voto. Lo de los medios es desesperanzador. En el caso estadounidense, han estado dando la matraca con el lugar del nacimiento de su presidente. En el español, se han dedicado, igualmente, a asuntos secundarios como los insultos, las calumnias y las salidas de tono de unos y otros. No han hablado de política sino de políticos como si las "paridas" de estos fuesen la noticia a resaltar y no a avergonzarse.
Pero el elector, al grito de "yo no soy tonto", se ha dejado engañar y ha proyectado sobre sus respectivos gobernantes centrales la agresividad que les produce la frustración del desempleo, la contracción del crédito, la inseguridad ante el futuro y los recortes locales en sanidad y educación (pero no, en USA, en el gasto militar, cosa impropia de un Nobel de la Paz).
Como sigo pensando que los socialistas perderán en 2012, no estará de más revisar los argumentos que Nader avanza en la dirección de negar la conjunción planetaria de ambas derrotas. De hecho, los cinco argumentos que esgrime pueden resumirse en dos: uno, que el Partido Republicano se va a derechizar todavía más, va a cometer el error de plantear primarias que priman a los extremos y sus gobernadores locales van a continuar la política anti-obrera y anti-social que ya han practicado con lo que la derechización excesiva del partido asustará al elector conservador moderado, pero no extremista. Y, dos, que la derechización de Obama a lo más le quitará el voto de algunos "progres" que, de todos modos, para evitar que suba un ultraconservador, acabarán votando por él y, muy jesuiticos, pensarán que "en tiempo de desolación, no hacer mudanzas". Si la política de Obama se parece tanto a la de los republicanos moderados, mejor tenerle a él, sin cambios, que meter a uno nuevo para que haga lo mismo.

Diferencias profundas. No hace falta insistir en las profundas diferencias entre un caso y otro. Ante todo, el sistema electoral y el sistema de partidos son muy diferentes. De hecho, Nader hace una referencia, no sin melancolía, al sistema electoral mayoritario que le impide una vez más tener la mínima probabilidad de ser relevante en términos de votos y resultados. En España, como es sabido, el sistema es proporcional aunque los partidos minoritarios se sientan a disgusto con los fallos de  la regla d'Hondt. 
Después está la diferente posición que ambos países ocupan en el sistema mundial, aunque ambos puedan verse como en decadencia. Pero eso no quita para que, como dice Nader, el complejo militar-industrial  del que habló Eisenhower hace 50 años siga campando por sus respetos, nada comparable con el modesto complejo español. En los Estados Unidos cumple con un papel de "sector público" privado. En España es sólo una pequeña parte de la balanza comercial.
Y, sobre todo, y resultado de lo anterior, el sistema de partidos y su financiación es diferente. En el caso estadounidense la financiación externa es pública y controlada. En el caso español, es opaca, muy opaca como ha mostrado el informe de GRECO, del Consejo de Europa, haciendo ver lo poco transparente que es la financiación de los partidos que sube, como por capilaridad, de lo local al centro (el caso Gürtel es paradigmático). Esas diferencias hacen que, aunque también en España se pueda hablar de business politics, del peso de los negocios en la política, dicho peso no sea tan determinante como en los Estados Unidos.
Pero la conclusión más general es que los resultados están por ver y que tal vez tenga que revisar mis previsiones. Sobre todo para los Estados Unidos.

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