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Asesinato y tortura justificados

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Luis Segovia López Las versiones sobre la muerte de Bin Laden que van dando los representantes de la Casa Blanca y la CIA son tan fragmentarias, diversas e incluso contradictorias que sólo indirectamente empezamos a saber cómo sucedieron los hechos. Parece ser que el líder de Al Qaeda no murió en un tiroteo, como al principio se dijo, no iba armado, ni utilizó a una mujer como escudo humano (que también se dijo). Y, muerto, fue arrojado al mar según las tradiciones islamistas (lo cual es falso). El descubrimiento de su refugio derivó de una declaración de un prisionero de Guantánamo que fue sometido durante 9 años a la tortura llamada de waterboarding (submarino): ahogamiento controlado, que causa casi de inmediato un reflejo de náuseas y la sensación de que el cautivo se está ahogando. Esta tortura puede causar dolor extremo, ahogamiento real por colapso, daño a los pulmones, daño cerebral de la privación de oxígeno y otras lesiones físicas como fracturas de huesos, debido a la lucha contra las restricciones de aire, y los efectos psicológicos pueden durar años (pesadillas de ahogo). Es una tortura que bien administrada (con una buena técnica -que no se describe para no dar más ideas a asesinos y raptores-) no deja huellas para los médicos forenses y que ya fue utilizada por nuestra Inquisición (maestra en torturas psicológicas y físicas). Preguntada una autoridad del Pentágono si el prisionero que delató a Bin Laden podría recibir la recompensa de 25 millones de dólares por dar información suficiente para la captura de Bin Laden, más otros dos millones que ofrecieron la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APA) y la Asociación de Transporte Aéreo (ATA), dijo dicha autoridad que si la delación hubiera sido voluntaria sí tendría derecho a cobrar la recompensa, pero fue involuntaria, por medio de tortura, la recompensa quedará desierta.
El director de la CIA dijo que "teníamos autorización para matarlo, eso estaba claro. Pero también, si en el enfrentamiento [Bin Laden] de repente levantaba los brazos y se rendía para capturarlo, sí se hubiera dado la oportunidad. Pero eso no sucedió". Por su parte, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, dijo que el líder de Al Qaeda no estaba armado y se optó por matarlo en vez de detenerlo, porque "se resistió; el personal estadounidense en el terreno se manejó con la máxima profesionalidad y [Bin Laden] fue abatido en la operación por la resistencia que opuso", y añadió que el hecho de que estuviera desarmado no modifica la calificación de resistencia, ya que "existen muchos modos de resistencia que esgrimir un arma". Es decir, las autoridades norteamericanas van diciendo al final la verdad por el temor de que un día en Wikileaks aparezca el video y documentación sobre el asesinato extrajudicial, y se descubran sus mentiras.
Cuando Obama dijo que se había hecho justicia, y que el mundo era más justo y seguro (aunque avisó que se había ordenado la máxima alerta contra actos terroristas de represalia), todos los jefes de gobierno de Europa le felicitaron por el éxito de la ejecución extrajudicial, incluido nuestro presidente Zapatero tachado de pacifista y de buenismo, aunque con talante dijo que hubiera preferido que lo hubiesen capturado y juzgado.
Veamos una operación como esta en España: un grupo de los GEOS semejante a los SEALs yanquis, secuestraron en Francia a cuatro etarras convictos y confesos de más de 200 asesinatos, los ejecutaron y arrojaron al mar según las tradicionales costumbres vascas. Esperaban que les felicitara todo el mundo, incluidos los jefes de gobierno de Europa y la oposición; pero la verdad es que sólo fue una tentativa que fracasó, y no sólo no hubo felicitaciones sino incluso la oposición pidió la dimisión del ministro del Interior. Un prestigioso periodista dijo que se debía de castigar, no por otra cosa sino por ser unos inútiles. Como escribió Quincey, el crimen es reprobable cuando se proyecta, pero una vez consumado, algo ha de obtenerse de él. Un crimen ha de tener una estética, los detalles sangrientos quedan para el populacho, pero el hombre refinado o el Estado democrático debe buscar el detalle elegante que convierta al asesinato en una verdadera obra de arte.

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