El valor estratégico del corredor mediterráneo

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Federico Félix Más de doce años de espera y una continua presión sobre el gobierno de España, primero con el PP y después con el PSOE, han sido necesarios para que la alta velocidad llegara, de manera parcial, a la Comunidad Valenciana. Aún hoy quedan por conectar en alta velocidad con Madrid tanto Castellón como Alicante aunque en el caso de esta última hay que reconocer que las obras se están cumpliendo en los plazos de ejecución perfectamente. Y a pesar del poco tiempo que viene funcionando el AVE Madrid-Valencia, sus beneficiosos efectos ya se están haciendo notar con claridad, tanto en el tráfico como en su impacto económico.
Como presidente de la Fundación Pro-AVE, creada por los empresarios valencianos para promover el AVE Madrid-Comunidad Valenciana, tengo que recordar que tales logros sólo vienen a ratificar lo que hemos venido defendiendo durante doce años. La lástima es que nuestro objetivo de ver llegar el AVE a nuestra Comunidad antes del año 2005 no pudiese realizarse. Un retraso. Además de privar a la economía valenciana y española de un mayor crecimiento, este retraso ha reducido la cuenta de resultados del sistema ferroviario nacional.
Si, como suele decirse, es fallando como más se aprende, daríamos por buenos estos retrasos y las frustraciones que entre los valencianos han producido, si el gobierno de España acelera las obras del AVE Madrid-Alicante y Valencia-Castellón y lleva a cabo sin tardar, como nos consta que está intentando ahora el Ministerio de Fomento, la inclusión del Corredor Mediterráneo en la red básica de los ferrocarriles europeos. Aunque esto tendría que haberse hecho hace mucho tiempo, hay que alegrarse porque, al final, el sentido común se ha impuesto. Y debemos seguir trabajando para que ni se desvíe ni se retrase esta iniciativa.
Si crucial para la economía valenciana y española ha sido la implantación de la alta velocidad entre Madrid y la Comunidad Valenciana, más lo es, si cabe, el Corredor Mediterráneo. Con la conexión en alta velocidad entre Castellón y Tarragona se cerraría el triangulo de oro de los ferrocarriles españoles, enlazando los tres principales sistemas regionales de ciudades de España, que representan en torno al 35% de la población y cerca de la mitad de la riqueza nacional y de las exportaciones españolas. Con ello no sólo se contribuiría a valorizar las inversiones ferroviarias en este país. Se daría un impulso fundamental a la construcción de una gran megarregión en el sur de Europa y a la consolidación de una red metropolitana capaz de situar a España con fuerza en la economía global.
Pero este impulso dinamizador de la economía española se vería seriamente limitado si no se lleva a cabo, con la máxima premura, algo tan decisivo para el crecimiento y competitividad de la economía española como lo es el corredor mediterráneo para el tráfico de mercancías en ancho europeo. Un corredor que conecte a las economías fuertemente exportadoras del Arco Mediterráneo, especialmente a las de Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia, y al puerto transoceánico de Valencia-Sagunto con el norte de Europa.
Desde un punto de vista económico existen sólidas razones para conferir la máxima prioridad a este proyecto de red ferroviaria. La primera es que hoy más que nunca España necesita impulsar sus exportaciones para salir de la crisis económica, entrar en una senda de crecimiento sostenido y crear empleo. El principal núcleo exportador del país se encuentra en esta área, con el 40% de las exportaciones, y un acceso ferroviario fácil a Europa, nuestro principal mercado, impulsaría decisivamente su capacidad exportadora.
La segunda razón de peso es el impulso que tal infraestructura daría a la actividad del mega-puerto de Valencia-Sagunto. Dada su ubicación estratégica en la ruta que une el norte y centro de Europa con Asia Oriental y Sudoriental, vendría a convertirse en un atractivo punto de tránsito de ambos mercados. Su impacto sobre las actividades logísticas y conexas y su efecto sobre la exportación de servicios sería considerable, contribuyendo tanto al crecimiento económico como a la capacidad exportadora del país. Sin olvidar la incidencia que su condición de punto de conexión entre dichos grandes mercados tendría sobre la implantación de nuevas actividades productivas en la Comunidad Valenciana.
La tercera razón de peso, y posiblemente la más importante a largo plazo, es que el transporte ferroviario de mercancías constituye la vía más económica y ecológica de transporte del futuro. Tanto la elevación de los precios de los carburantes fósiles como la lucha contra el cambio climático harán cada vez menos competitivos a los territorios que no cuenten con buenas infraestructuras de transporte ferroviario de mercancías.
Conscientes de estas oportunidades y amenazas, la Fundación Pro-AVE, con el pleno apoyo de los empresarios valencianos y con la inestimable colaboración del Vice-presidente del FERRMED, se suman, con todas sus fuerzas, ilusión y empeño, a la promoción del Corredor Mediterráneo al estar en juego tanto los intereses fundamentales de la economía valenciana como los de la española. La experiencia de la alta velocidad Madrid-Comunidad Valenciana debe servir para que el gobierno de España haga esta vez, y nos consta que lo está haciendo, lo que no se hizo entonces: utilizar la razón económica como guía de la política ferroviaria. Y hacer de está, un instrumento fundamental del desarrollo español y valenciano.
Pero el tiempo es una variable decisiva. Unos retrasos como los que experimentó el AVE Madrid-Comunidad Valenciana serian letales para nuestro futuro económico y social. Y como este es un proyecto de varios años, es necesario no sólo acelerar los trabajos, sino corregir estrangulantes actuales, como el tramo Vandellós-Tarragona, que permitirían una mejor utilización de las infraestructuras existentes y un mayor aprovechamiento del ramal Barcelona-Frontera Francesa, "ya ejecutado", por lo tanto Barcelona ya cuenta con la conexión de Europa por ferrocarril. La sociedad civil debe estar vigilante para imprimir velocidad a la ejecución de este proyecto y evitar que los vaivenes de la política descarrilen un tren que, aunque tarde, ya se está poniendo en marcha.

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