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Sin motivo para el sofoco

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Francisco Esquivel No hubo milagro y a las doce de la noche empezó la campaña electoral, ese periodo en el que los protagonistas de mayor relumbrón hacen suya la multiplicación de los panes y los peces por muy agnósticos que se proclamen. La única verdad de esta derivada es que aquellos a quienes va dirigida la reciben mirando hacia otro lado. Algún iluso pensaba que, al tratarse en esta ocasión del primer desfile de modelos enclavado en la crisis, los apóstoles contendrían esos ímpetus bíblicos adquiridos en el rosario de citas precedentes. Pero qué va. Antes que ayer en La Peregrina, Camps se apareció el otro día anunciando que necesita a todos los funcionarios. Y, cuando dice a todos es que es a todos, a ver si alguno se va a inquietar en una Comunidad como la nuestra en la que apenas si existen trabajadores colgados de la brocha. Ni siquiera preocupados, vamos. Y Alarte, cuando nombra a su bicha, lo hace para garantizar el puesto a todos y cada uno de los que forman la plantilla de Canal 9, no así el de sus directivos. Sí, señor, eso es coraje y lo demás es cuento. Dejemos, pues, el tono ceremonioso y echémonos unas risas que, por lo visto, es de lo que se trata. Resulta que hacia el final de la tarde, un ginecólogo espera a su última paciente...que no llega. Pasada media hora, imagina que no vendrá y decide tomarse un gintonic. Tras acomodarse, se pone a leer el periódico. Entonces llaman a la puerta y es la paciente que llega sofocada pidiendo disculpas. "No tiene importancia. Mire, yo estaba tomándome un trago mientras esperaba. ¿Quiere usted acompañarme?". "Acepto con gusto, porque con el sofocón que traigo...". Le sirve un vaso, se sienta enfrente y empiezan a hablar de temas banales. De repente se oye un ruido de llaves. El médico sufre un sobresalto, se pone nervioso, se levanta bruscamente y dice: "¡Mi mujer! Rápido, quítese las bragas y abra las piernas". ¿Ven? Como dirían los candidatos, todo es relativo.

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