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Desempleo o inflación

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J. Manuel Bonilla Gavilanes El master con el que más aprenderé en mi vida fue la enfermedad de mi padre. Me instruí en diversas facetas de la vida. Una de las lecciones en la que me "doctoré" en aquellos nueve meses fue en la toma de decisiones extremas. En ser pragmático y objetivo ante determinadas realidades o ecuaciones, aunque a uno no le guste interpretar dicho rol. Y sobre todo a interiorizarlas y asumirlas.
A todos nosotros, la vida nos pone ante ciertas tesituras y decisiones arduas. Para nosotros, operar a un familiar sentenciado o no. Para un médico, amputar el miembro o no. Para un alpinista, cortar la cuerda -que no aguanta el peso de todos-, y dejar caer a uno para salvar al resto o no. Para Karpov y Kasparov sacrificar una ficha y evitar un jaque. Para la editorial publicar un escándalo de su principal cliente o no. Y para Jean Claude Trichet subir los tipos de interés, ¿crecimiento o inflación?.
Quizá pueda parecer duro, hay quien lo llama madurez. Pero si algo es cierto y la historia nos lo ha demostrado, es que en cualquier ámbito de la vida, ante una disyuntiva, la decisión suele ser bipolar. Como una moneda. La cara y la cruz. Hoy en día los ilustres los denominan "daños colaterales".
En la otra universidad en la que nos forman como profesionales; en Economía, Medicina, Gestión de empresas, Periodismo, Sociología, etc. nos lo enseñan de otro modo. Cuando emanan situaciones en las que no se puede beneficiar al todo, nos adoctrinan que se debe tomar la elección que beneficie a la mayoría y perjudique a los menos. Nos insisten en que no son decisiones fáciles pero, aunque ni agradables ni populares, son necesarias y determinantes. Yo postulo con ello.
Sin estar de acuerdo con él en todo, puede decirse en puridad que Pareto fue un gran pensador económico. Qué razón tenía en sus análisis, tomando como partida aquellas decisiones en las que no se puede mejorar la situación de unos sin empeorar la de otros Pues bien, ante el cáncer económico llamado inflación el doctor Jean Claude Trichet decidió administrar una "quimioterapia" contundente como fue subir los tipos de interés. Hoy ya tenemos un euribor que supera el 2% descontando las posibles subidas ya advertidas por el gurú. Estamos ante una disyuntiva en el tratamiento, cuanto menos a plantear su momento, para ciertos países como el nuestro ya que, esta decisión, a modo profilaxis, que seguro es buena para el conjunto de Europa, a nosotros como país nos puede doler más de la cuenta. Debido a no estar tan "en forma" como sí lo están la mayoría de nuestros vecinos continentales.
Y es que, con ánimo de controlar la inflación, se está implementando una política monetaria restrictiva subiendo los tipos de interés. Una medicina buena para Europa en su conjunto. Pero, ¿y para España?
Desde el punto de vista de la arcas públicas, debido a las elevadas necesidades de endeudamiento de las instituciones, se incrementará de manera sensible el coste de su deuda, pudiéndose incrementar el déficit público y, puesto que no hay fórmulas mágicas, su financiación vendría de la mano de mayores impuestos, mermando el poder adquisitivo de los españoles.
Por otro lado, según publica esta semana el Instituto Nacional de Estadística, el 91% de las hipotecas constituidas en febrero están referenciadas al euríbor. Por tanto, la subida de las cuotas a la mayoría es segura. Y a los verdaderos héroes de este mundo, para mí, que son los emprendedores de nuestro país, como pequeños empresarios y autónomos no se librarán. Siendo este incremento de costes financieros en las cuentas de resultados de sus negocios la guinda a su calvario económico.
Bien es cierto que con esta medida consumiremos menos, disminuirá la demanda, bajarán lo precios y, por ende, la inflación. Pero también caerán las ventas, la producción y creceremos menos. Y sin comentarios con el paro, algo que a nuestros socios europeos no les preocupa tanto como el fantasma de la inflación. Mientras que en España -a punto de tener "la manita" en millones- la tasa de desempleo supera el 21%, en la Eurozona se aproxima al 9%. Y adicionalmente llevan otra velocidad de crucero en lo que a crecimiento económico se refiere.
No olvidemos que junto con la desaparición de la deducción fiscal para la compra de vivienda habitual, esta subida de tipos hace que los jóvenes -los que pueden- se lo piensen cada vez más a la hora de comprar una vivienda. Y tal como está el patio en el sector de ladrillo, más caída en ventas.
¿Está bien tomada esta decisión? Posiblemente sí. No lo sé. Depende, como decía Pareto. Que conteste un médico. Que conteste un economista. Que conteste un amigo alemán. Su vecino del cuarto. O uno de mis mejores amigos; parado y con hipoteca. Lo que sí podemos aseverar es que esta "jeringa" tiene que la aguja más gorda, más larga y nos dolerá más que a la mayoría de europeos. ¿Y por qué? ¿De quién es la culpa? La culpa fue del cha, cha, cha. ¡Cha, cha, crak!

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