Coincidirán conmigo en que existe un gran consenso en nuestra sociedad acerca de que en estos tiempos de crisis hay que reducir o incluso eliminar todos los gastos superfluos. No solo de las Administraciones Públicas y Gobiernos sino también de las familias que deben apretarse el cinturón en estos momentos de crisis económica.
Hasta aquí todos de acuerdo: Los gastos superfluos son el enemigo a batir.
Pero supongo que una vez nos pongamos a definir qué son los gastos superfluos para cada uno de nosotros, las coincidencias empiezan a desaparecer. Y las consecuencias ya no empiezan a ser a gusto de todos.
La Generalitat Valenciana, como todas las Administraciones españolas ha comenzado a hacer la siega de estos "gastos superfluos". Entre otros recortes, ha comenzado bajando su aportación a las Escuelas y Bandas de Música de la Comunidad Valenciana en un 55%. ¿Estamos ante la eliminación de un gasto superfluo o ante la eliminación del "menos molesto de los ruidos", pero ruido al fin y al cabo, como definía Napoleón a la música, dentro de la célebre política del Presidente Camps de eliminación de todos los ruidos, aunque no sean mediáticos?
Ciertamente, las Sociedades Musicales, organizaciones muy potentes en nuestra Comunidad han levantado sus voces en contra de unas medidas que "supondrán el cierre del 25% de las Escuelas y el despido del 75% de los 3.000 profesores" según sus cálculos. En otras palabras, piensan que estos gastos no son superfluos sino que son necesarios para conservar una cultura muy arraigada en nuestra sociedad que permite tener a la mitad de los músicos de España.
Lo mismo ocurre en otros eventos. ¿Alguien en Elche puede pensar que la "palmera" de fuegos artificiales de la Virgen de la Asunción, cuyo tamaño superior a la de Alicante alguien vino a poner en duda durante los últimos días, es un gasto superfluo? Por supuesto que no y a ningún miembro de la oposición se le ocurre ni tan siquiera planteárselo. Lo mismo está sucediendo con otras actuaciones: ¿Cómo se le ocurre al Ministro de Fomento eliminar toda una serie de obras públicas que estaba previsto acometer en un tiempo inmediato, declarando de alguna forma que las mismas no tenían mucha justificación prioritaria, es decir que eran en cierta forma superfluas? Multitud de Presidentes de las CCAA y alcaldes han saltado enseguida poniendo énfasis en lo necesario de las mismas y "la necesidad inexcusable de su rápida ejecución".
No quiero con lo anterior dar a entender que todo gasto o inversión público o privado es susceptible de poderse eliminar, sino que este tipo de valoraciones tienen que ver mucho más con creencias y dinámicas históricas que con la consideración objetiva de lo que es o no es superfluo. No creo que podamos alcanzar un consenso fácil a este respecto como lo pone en evidencia la propuesta del Premier del Reino Unido, Cameron, sobre la creación de somatenes privados para mantener el orden en los barrios. Al parecer considera el gasto en Orden Público como otro dichoso "gasto superfluo".
Por mi parte voy a dejar de insistir en este tema, no vaya a ser que el director de este periódico, aprovechando el verano, considere que esta columna es un gasto superfluo y me aplique el mismo procedimiento que he descrito anteriormente.