Puertas al campo

Cleptocracia

 

José María Tortosa S e llama así a un gobierno de ladrones. Desgraciadamente, hay varios en el mundo aunque, de momento, no puede llamarse así a España. Cierto que, como ya pasó en los años 90, hay una continua algarabía sobre casos de corrupción, ese comportamiento ilícito que consiste en usar fondos públicos para fines privados que van desde el enriquecimiento personal a la financiación del propio partido.
De entrada, hay que recordar que todo ciudadano, mientras no se demuestre lo contrario, es inocente. Incluso se podría decir que puede ser inocente incluso una vez declarado culpable, como bien se sabe por casos de jueces que se venden con facilidad, errores judiciales o, sencillamente, que la mayoría se haya equivocado y que lo que realmente responda a la realidad sean los votos particulares. No es una hipótesis descabellada: hay algún juez en la cárcel por haber vendido sus veredictos y ha habido más de un inocente que, convenientemente juzgado, ha pasado largos años en la cárcel hasta que se ha demostrado su inocencia. Más aún, ha habido casos, en países en los que todavía está vigente la pena de muerte, en los que el definitivamente "ajusticiado" se ha demostrado inocente, con lo que esa pena de muerte ha podido llamarse, si no es que se pueden llamar todas, "asesinato judicial". Me parece excesivo llamar "linchamiento mediático" a los acusados cuyo caso es aireado en los medios suponiendo su culpabilidad. Pero tanto en países con pena de muerte como en países, como España, en la que afortunadamente ha sido abolida, se produce de tanto en tanto.
Si lo anterior es cierto, con mucha más razón hay que aplicar la presunción de inocencia a los que ni siquiera han sido acusados más allá de las insistencias machaconas de algunos medios o de los que únicamente han sido supuestos culpables en boca de sus adversarios políticos. Si en el caso anterior los nombres de Fabra y Ripoll vienen de inmediato a la mente, en el caso presente hay que incluir los nombres de Bono y de Rubalcaba. Bono no ha sido acusado y, para algunos, es culpable: un culpable que no es declarado tal por turbios manejos de la justicia en manos del gobierno, cosa de la que, periódicamente, se acusa a Rubalcaba por parte de partidos y sus palmeros (o viceversa: medios y sus palmeros políticos).
Lo que sucede, en este uso político de la justicia, es que lo que hagan los jueces a "nuestro" favor, será siempre bienvenido y jaleado, mientras que lo que hagan y que favorezca a "los otros", será puesto en duda o incluso acusado a su vez de prevaricación y cosas por el estilo. No voy a entrar en casos como el Estatuto de Cataluña o los avatares del juez Garzón, casos ya de por sí interesantes, sino que me voy a ceñir al de la corrupción.
La situación actual recuerda la del 95-96. De hecho, son los dos momentos en los que los encuestados por el CIS dan máximos de respuestas en el sentido de que la clase política es un problema para el país. La diferencia, ahora, es que el poder está algo más repartido y hay días en que los medios vienen llenos de casos que afectan a muchos puntos de la geografía peninsular e islas adyacentes sin distinción de partidos. Aquella era una corrupción del PSOE, sobre todo central, en la que el PP hizo presa y no soltó. Ahora la cosa está más repartida política y geográficamente. Y eso es peor porque, volviendo al CIS, una cosa es el salto que entonces dio la opinión pública y otra es que ahora el incremento sea constante y no se vea el fin de la tendencia, aunque sí se sabe en qué suelen acabar las acusaciones de "partidocracia".
Los cuatro nombres arriba citados son, para mí, inocentes y, como digo, estoy dispuesto a reconocerles como tales incluso con sentencia recurrida. No es la práctica habitual, por lo que veo. E igual que el debate sobre "el estado de nación" se ha convertido en un debate sobre "el estado del oponente", cosa esta última que no me preocupa absolutamente nada, el debate sobre la corrupción se ha convertido en un "y tú más" o, sencillamente, "esperemos la resolución judicial (absolutoria, por supuesto)". Demasiado "váyase, señor corrupto" como para interesarme en la algarada. ¿Por qué? Pues porque ahora como entonces no escucho ni una sola propuesta para evitar que tales hechos se reproduzcan. Y eso es lo que me preocupa.

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