Política 2.0

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Ana Barceló Aunque el PP gobierna en muchas autonomías, ayuntamientos y diputaciones, sus críticas a las políticas económicas del gobierno de España no se acompañan precisamente de ejemplos con los que convencer a los ciudadanos de que ellos están arrimando el hombro contra esta crisis que provocó la política que predican y aplican en cuanto pueden.
Mucho se ofende nuestra derecha cuando se les señala que no hacen propuestas y apoyan el trabajo que hacen otros. Las medidas de ahorro que ha propuesto Rodríguez Zapatero son necesarias como las que toma un padre para asegurar el pan a sus hijos en el futuro. Es así de sencillo. Y se toman en el momento adecuado, oportuno y necesario. Fundamentalmente, porque España -como octava potencia económica mundial- vive de los flujos financieros del mundo y la desconfianza que alimentan Rajoy y Aznar sólo causa desempleo y pérdida de competitividad.
Para superar esto, hay que tomar medidas que se calibren por encima de la necesidad del voto. Porque son medidas de futuro para el país, y no soluciones para ganar las elecciones como las está tomando el PP. Medidas que el PSOE puede apoyar porque si, alguien ha subido el salario a los funcionarios hemos sido nosotros; si alguien ha revalorizado las pensiones hemos sido nosotros; si alguien mejoró el salario mínimo interprofesional, hemos sido nosotros. Nosotros repartimos cuando hubo más y lo hicimos para todos. Hoy, también repartimos el esfuerzo, no permitiendo que afecte a elementos vitales como la sanidad, las becas, las prestaciones por desempleo o el complejo sistema de protección social que hemos creado. Por todo ello, podemos decir que "sí'" y no entendemos que el PP diga "no".
Porque ese no, qué significa cuando llevan meses pidiendo contención del gasto público. Hablemos de eso. También atañe al PP, que tiene muchos gobiernos en nuestra provincia. La mejor manera de reducir el gasto público es la transparencia. Y transparencia quiere decir que los ciudadanos sepan en qué y cuánto se gasta su alcalde, su ayuntamiento, su diputación o su Consell en flores, en comidas, en propaganda, en fórmulas uno, en conferencias de amiguetes, en boatos o en cochazos con chófer; frente a la inversión que no hacen en educación, fomento del empleo o servicios sociales.
Cuando los socialistas pedimos democracia participativa, más allá de la representativa, no estamos haciendo demagogia; estamos formulando un desafío: si se es transparente se es limpio y sólo si se es participativo se es transparente. Salvo honrosas excepciones, no está el PP por la transparencia. Día a día se nos niegan las cuentas, se nos amagan facturas, se nos impide el acceso a documentos públicos, se nos escatiman debates, se nos ocultan gastos. La opacidad parece ser su lema.
Y nosotros, donde gobernamos, fomentamos las cuentas claras y donde somos oposición, exigimos que se cumplan las normas que permiten fiscalizar a los equipos de gobierno. Y no se nos facilita esa labor que nos encarga la Constitución. Proponemos algo muy simple. Si los contribuyentes tienen la oportunidad de participar en los presupuestos y después de acceder libremente a las cuentas públicas para saber en qué se gastan sus dineros, dejaremos poco sitio a la oscuridad que suele aliarse con la corrupción. Si queremos, si queréis, podemos llamar a esto "Política 2.0" Este es nuestro reto.

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