JESÚS CARMONA CALERO
José Luis está emocionado. Ese nudo en la garganta le ha hecho interrumpir su relato varias veces en las que ha recibido el apoyo del auditorio, también emocionado, con salvas de aplausos. Nos está contando desde el corazón su experiencia vital: su lucha por superar su problema de adicción. Después de más de veinte años de consumo que convirtieron su vida y la de su familia en un infierno, tres años de tremenda lucha han conseguido que hoy esté recibiendo el alta terapéutica en Proyecto Hombre.
Después de José Luis nos habla Carmen, su madre. Nos relata sus vivencias y las de toda su familia durante esos tres años junto a su hijo. Y termina haciéndonos la confesión de que esa experiencia ha sido lo mejor que le ha pasado en su vida. Nos lo dice desde el asombro de que haya tenido que ser a raíz de la mayor de sus tragedias, la de tener a uno de sus hijos perdido sin solución, la que le ha proporcionado la mayor de sus alegrías. Porque allí, durante este tiempo de durísimas pruebas, de angustias y de fracasos, su hijo perdido, su familia deshecha y ella misma vacía de toda esperanza han recobrado la fe en la vida. Han aprendido a vivir.
José Luis hoy recibe el alta, pero es toda su familia la que se ha curado, la que se ha vuelto a encontrar reconociéndose cada uno de ellos como persona y todos juntos como familia.
Los testimonios de José Luis y Carmen se suman a los que van desgranando los demás usuarios que junto con sus familias, recibieron las once altas terapéuticas que se entregaron el jueves en Proyecto Hombre. Cada una de las historias podría llenar cientos de páginas: intentos de suicidio, parejas rotas, total pérdida de autoestima, confusión de sentimientosÉ Y como denominador común, familias destrozadas. Después, la tremenda gratitud por el éxito conseguido, éxito del implicado y éxito familiar.
El auditorio, más de doscientas personas, lo componían las personas que están todavía luchando por vencer su adicción, junto a sus familias. Recibían con la misma emoción los mensajes de esperanza de que si se quiere, se puede, de que la voluntad no tiene límites, de que el mundo de la droga tiene una puerta de salida.
Esa noche volví a casa cargado de fe en el ser humano. Once familias, algunas muy grandes, se habían recuperado a sí mismas recuperando a su hijo perdido. No sólo es que la droga se puede vencer, es que somos de tal pasta que el trance más duro puede hacernos mejores. Gracias, Proyecto Hombre.