RAÚL MÉRIDA GORDILLO
Siempre he pensado que no hay mejor escuela que la naturaleza. Hace algunos años decidieron ampliar una de nuestras principales playas, la del Postiguet, ¿recuerdan?
Entonces se presentó un proyecto al que llamaron "Dique exento". El invento consistía en crear un espigón que quedara al límite de la superficie del mar. Semanas después, se iniciaron las obras. Las rocas comenzaron a ser colocadas, una a una, guardando una estética absoluta, sin que ninguna sobresaliera del resto. Meses más tarde, la construcción estaba finalizada.
Pero claro, llegó el primer temporal y las olas rompieron en mil pedazos aquel majestuoso puzzle. Los motivos, al parecer, fueron dos: por un lado, las rocas no ejercían su resistencia ante el mar, de forma conjunta. Cada una de ellas, estaba anclada de forma individual. Por otro, en la colocación de las mismas primaba, sobre todo, su belleza. Se volvieron a colocar las piedras, esta vez un poco mejor pero, aquella playa nunca fue la misma. Aumentó su tamaño pero perdió el color de su arena dorada y necesitó, a partir de ese momento, limpiezas constantes de sus aguas al no poder el mar drenarlas naturalmente.
Hoy todos nos asustamos del clima. -¡Más frío que nunca!-, dice uno. -¡Todos los días son grises!-, protesta otro. El famoso cambio climático ya es misa. No hay que esperarlo para verlo cada día. Los humanos, perplejos, vemos las noticias del tiempo sin entender nada. Un día calor, otro frío heladoÉ Los animales se desorientan e intuyen una primavera cercana que no llega. Puestas de huevos por pájaros primerizos con altas temperaturas que se pierden por el bajo cero de madrugada al día siguiente. Crías que nunca nacerán. Especies condenadas a la desaparición. Plantas florecidas un día, muertas por el frío al día siguiente. Y, mientras tanto, la contaminación sigue su curso. Los vertidos legales e ilegales. La constante generación de residuos tóxicos. La deforestación. La destrucción de la capa de ozono. El efecto invernaderoÉ Y suma y sigue.
Pero nada se hace. Los protocolos ambientales no se cumplen ni por asomo. Las cumbres mundiales, los foros internaciones se quedan en meros gestos, actuaciones ensayadas, palabras que no dicen nada. Últimas oportunidades perdidas. ¡Qué pena! No se dan cuenta que todos ellos, jefes de gobierno, representantes del mundo. Todos no son si no como aquel espigón en medio del mar. Aquel en el que se olvidaron que no es suficiente con ser una roca, por muy pesada y grande que seas. Sólo conseguirás vencer la marea del mar si te unes a las demás. Y si no olvidas nunca que, aunque en esta vida a menudo parezca lo contrario, por encima de la superficie está siempre el fondo de las cosas.