RAÚL MÉRIDA GORDILLO
En la Edad Media Europa sufrió la peor epidemia que jamás azotó un continente: la terrible peste negra. Su nombre obedece al olor tan desagradable que desprendía aquel que sufría la enfermedad. De hecho, se llegó a pensar que era éste el que servía como vehículo para su contagio. Así, por ejemplo, estos próximos carnavales Venecia y otras ciudades se llenarán de personas que, con una capa negra y un pico, se vestirán de hombres pájaros. En realidad van disfrazados de médicos de la peste. Era esa la vestimenta que utilizaban los doctores de la época para quemar en el interior del pico hierbas aromáticas con el fin de evitar el contagio. El caso es que murieron más de 25 millones de personas. La gravedad llegó hasta tal punto que, en algunas ciudades, no existían suficientes personas vivas para enterrar a todos aquellos que morían.
Finalmente se descubrió el origen de aquella enfermedad y se supo que la transmisión corría a cuenta de las ratasÉ Tranquilos que, hoy en día, la enfermedad está erradicada.
El caso es que todos se hicieron una misma preguntaÉ ¿Cómo era posible que la enfermedad se hubiera propagado sólo en las principales capitales de Centro Europa? Muy sencillo. En aquella época, los ciudadanos de dichas ciudades habían iniciado una batalla campal contra los gatos callejeros. Las razones eran principalmente religiosas. Los gatos eran relacionados con la brujería y lo maligno. La cuestión es que, prácticamente, éstos habían desaparecido. Así, roto el ecosistema y el equilibrio natural, llegó la enfermedad.
Hoy en día, como expuse antes, la peste ya no es un peligro pero, pese a ello, bueno es recordar historias como ésta para saber que los gatos, esos que algunos demonizan y portan a sus espaldas tantas leyendas negras, salvaron, en el pasado, la vida de mucha gente en las ciudades donde vivían. En fin que, quizás, sólo sea historia pero siempre creo que el ayer es la mejor explicación del hoy.