JOSÉ MARÍA ASENCIO MELLADO
Si alguna vez el PSPV deja a un lado sus confrontaciones cainitas, cuya motivación no es otra que el poder interno y que están vacuas de ideología alguna, podrá plantearse la posibilidad, cada vez más remota, de conseguir unos resultados electorales presentables. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo conoce, ellos mismos son conscientes de su realidad, pero no parecen poder evitarlo; la pugna interna, el abatimiento del compañero, el pacto con el antes adversario, la intriga permanente, son elementos que identifican a un partido que vive hacia adentro y al que si te acercas, irremisiblemente, te ves expuesto a todo tipo de fuego cruzado. Siempre hay alguien que ve en el otro un competidor al que derrumbar.
Porque, si mal está enfangarse como costumbre enraizada en la lucha intestina, olvidando el papel que un partido debe desempeñar, al menos aquélla debe ser seria, fácilmente identificable en sus elementos, estrategias y resultados. Pero no. En el PSPV no está al alcance de cualquiera conocer los grupúsculos existentes y los rasgos identificadores de cada facción, ya que los mismos cambian a la velocidad del rayo. Cuando parece que la paz ha llegado, que los acuerdos entre las "distintas sensibilidades" (léase reparto de cuotas para los cada vez más escasos cargos que ostentan) se ha alcanzado, el pacto salta en mil pedazos y los grupos se vuelven a deshacer, a recomponer en otros intercambiados en sus personajes. Amigos que se enemistan y enemigos que se amigan, para volver a enemistarse en pocos meses o para unirse con un pacto férreo de intereses, poco definido y nunca entendido como firme.
Con este caldo de cultivo, es razonable que el PSPV siga en las encuestas cayendo imparablemente y que el PP, a pesar de los escándalos que le rodean, a pesar de la inanidad de Camps, a pesar del desvarío de sus posiciones, a pesar de que la Comunidad esté en quiebra y la quiebren más con su ignorancia e irresponsabilidad, aumente su rédito electoral. Y esta situación no tiene visos de superarse, porque cuanto mayor es el descrédito del PP, mayor es el espectáculo del PSPV y la insistencia en ningunearse a sí mismo. Es imposible aceptar que no lo hagan voluntariamente, dada la elementalidad y reiteración de los defectos.
No voy a culpar a nadie de lo dicho, pues no hay culpables, ni inocentes. Es una forma de ser, un estilo consolidado. El PSPV no sería el mismo sin sus luchas, sin su olvido de la sociedad, ya que lo esencial es colocarse en el partido, ganar las asambleas para, una vez ganadas, fulminar al contrario, que es el conmilitón y blindarse para repeler los ataques que siempre llegan. Y es que, repito, el PSPV es así y no va a cambiar aunque cambien los protagonistas del cuento, aunque se jubilen los que lo idearon. Los recambios no son diferentes puesto que, al fin y al cabo, aprendieron en el mismo lugar y de los mismos sujetos. No hay, pues, discurso propio y profundo a pesar de su necesidad, habida cuenta el estado grave de esta comunidad huérfana de un buen gobierno y de una oposición cuanto menos mediocre.
Que no se preocupe, pues, el PP. Por ese lado no tiene peligro alguno de verse apartado del poder. Las elecciones las tiene aseguradas "per in saecula saeculorum". Su temor debe ceñirse a los tribunales que, con lentitud, avanzan inexorablemente. Por mal que lo haga, que lo hace, no tiene riesgo alguno de dejar de gobernar. E, incluso, si me apuran, el PSPV puede aportar mucho a una futura derrota del PSOE en España. Méritos están haciendo. Para intuir una victoria, se debe consolidar a un candidato, publicitarlo, darle espacio; y en el PSPV todo el que aparece como tal es atacado hasta quedar reducido a la nada. Ahora es Alarte el objetivo. La razón se desconoce; los instigadores, no. Las motivaciones para el combate, las de siempre, de carácter orgánico, es decir, mandar y controlar. La comunidad, por un lado, las provincias por otro, las comarcas a su albur. Un rompecabezas indescifrable manejado por la pura y simple ambición de poder, sin ideologías o criterios diferenciadores que justifiquen la batalla permanente.
Estas líneas, repetidas hasta la saciedad por muchos desencantados, sólo servirán para que los afectados lancen improperios a quien las redacta. Tan absortos están en lo suyo que no son capaces de reflexionar e indagar en la realidad y pensar que la sociedad los necesita. Los necesita más allá de sus miserias, porque muchos no queremos vernos instalados en este desgobierno permanente del PP de Camps y en el riesgo de una quiebra económica anunciada que nos depara un oscuro futuro. Pero, como digo, no reflexionarán y verán estas palabras como un ataque despiadado a lo que cualquiera entendería como una petición de reflexión responsable. Pero es que en el PSPV son así de simples: dos más dos y gano la asamblea.