FRANCISCO ESQUIVEL
Benidorm es Benidorm. En plenas fiestas patronales o fuera de ellas, nunca defrauda las expectativas. Ahora, en torno a la celebración de la Virgen del Sufragio, han vuelto a darse nuevas estampas que están ahí ya para la historia al igual que tiempo atrás, con Zaplana en su apogeo, la panda que formaba El Picarol irradiaba la imagen del régimen en acción. Los mirabas congregados e imponían. Muchos querían colarse en el grupo pero sólo unos cuantos privilegiados lo conseguían. A otros tantos les causaba aversión. La forma en que el de las Matildes hoy se hizo con la vara de mando de la ciudad y las maneras en las que posteriormente desplegó su poderío desde el Palau condujo a que, en línea con la sentencia de Unamuno, vencieran pero no acabaran de convencer. En estas fechas, en cambio, ver cómo El Picarol se ha transformado en "Los que quedamos" y observar a cuatro gatos agrupados alrededor de unos cacahuetes inspira una cierta compasión. Una cierta, he dicho, que tampoco hay que pasarse. La misma que no produce contemplar al pesoe de la comarca y de parte del "extranjero", incluida la mismísima subdelegada del Gobierno, arropar a Agustín Navarro en esas andanzas que nos retrotraen al nodo de dieciocho años atrás. Da grima divisar a algunos de la colla, que forman parte de las generaciones jóvenes y en teoría puristas del partido, reírle las gracias a Agustinet. Es como si se hubiera anticipado el Desfile del Humor que, según el programa, se celebra hoy. Alarte, que también forma parte del mismo desfile aunque no asistiera, debería aclararle algún año a la opinión pública si estos chicos que salen disfrazados de socialistas en las fiestas de Benidorm y que gobiernan el municipio fueron arrojados a las tinieblas o de lo que se trataba era de pasar el rato. Madre mía, qué peña.