JUAN R. GIL
El lamento y la advertencia son los mismos que se han venido expresando en este periódico en los últimos años y respecto a este plan que, fuera de toda lógica que no sea la empresarial, fue excluido de la planificación general de la ciudad. Ni el redactor del PGOU, que debió hacer públicas con la misma claridad estas reticencias cuando el documento estaba en proceso de elaboración, ni las opiniones que al respecto se han ido poniendo sobre la mesa durante ya casi un lustro, han servido de mucho: el proyecto recibió la definitiva luz verde por parte de la Generalitat esta misma semana y todo indica que, a pesar de los recursos que puedan presentarse, se empezará a desarrollar en breve.
Cabe, pues, hacer ahora otro llamamiento: apelar a la cordura y el sentido común. Hay muchas cosas que el Ayuntamiento y la Generalitat pueden hacer todavía para que Rabasa, una macrourbanización con servicios hasta el momento inéditos, no acabe convertida en una isla con vocación de gueto. Y Enrique Ortiz, uno de los hombres más ricos de Alicante y el mejor informado gracias a sus cada vez más estrechas relaciones con el PP, tampoco puede pensar que ya lo tiene todo ganado.