FRANCISCO SÁNCHEZ
La traición es uno más de nuestros pecados, de nuestras miserias humanas. Casi siempre tiene justificación: el dinero, la escalera personal, la avaricia, el despecho, y un sinfín más de cosillas. Podemos arrimar el ascua a nuestra vera e intentar explicar que lo hacemos porque "no había más remedio", pero no deja de ser una traición. La traición.
Hay veces que incluso la prostituimos con argumentos filosófico-políticos: ahora manda otro, son otros tiempos, han cambiado las tornas, no puedo enfrentarme al poder, no me represento, tengo que sobrevivir para desarrollar mi proyecto políticoÉ El argumentario se enriquece si enrolamos genética familiar. Familias contra familias. Hermanos biológicos contra hermanos biológicos. Bandos, en definitiva. Si tu padre te dice que ahora toca cambiar el sentido de la carretera, ¿cómo vas a cuestionar la nómina domiciliada que viene a casa? Es la supervivencia. Y de eso saben mucho los políticos.
Este artículo me está quedando muy soso porque todavía no he citado ni un solo nombre de político. Y pierde mucho sin el picante de la nomenclatura. Pero, ¿para qué citar a todos y cada uno de los traidores que han abandonado los barcos sucesivos? Si no sirve de nada. Lo que pasa es que me gustaría decirles que, sigo siendo amigo de ellos porque yo no me jugaba nada en el congreso oriolano, pero no valió la pena tanta traición. Roma, Valencia, hizo lo posible para enfrascar una traición masiva. Pagará a los traidores que pueda, casi ninguno porque no tiene dinero ni puestos. Y además inflará el ego de algunos con puestecillos absurdos y vacuos. No hay traición que no deje sangre. La de Viriato fue respondida en Roma con un "no se paga a traidores". Acá, en la fenicia Alicante, el instigador de tanta sangre amiga intentará saciar a sus feligreses traidores. Pero el tiempo me dará la razón. Les pagará, pero con nada. Porque nada son puestos irrelevantes. Nada es decirles que cuenta con ellos. Nada es prometerles para no cumplir. No hay chequera, porque no hay dinero.
Así es mejor. Porque la pobreza intelectual que es levantarse cada mañana pensando que tienes a un amigo, y descubrir que ese amigo está pactando a tus espaldas con el único ánimo de su propia supervivencia, da repelús. Mejor que no haya nada que repartir porque así no podrán pagar las traiciones. Mejor que todo quede en una pesadilla. Pero no. La pesadilla sería que un empresario tuviera a su mano derecha pactando con la competencia. ¿Se imaginan? Pactando precios, vendiendo patentes, dando información privilegiada. Eso nos parece punible. Eso nos parece incluso repugnante. Pero en política, es como una necesidad. Ya lo inventó Judas. Pero son miles de años contemplando historias personales truncadas por traiciones. Imperios caducos que fenecieron al calor de la traición. Muchos se aprovecharon y llegaron. Llegaron a mandar, pero murieron como hombres. Porque supongo que saber que traicionas, y así se te premia, tiene el egocéntrico sabor a la victoria. Pero a mí no me interesa. Cada uno es como es.
No soy yo quien está en la mente de esos que traicionan. Sé que algunos no sienten culpa. Como el que roba y no siente culpa. Pero alguno de mis amigos, que traicionaron, tienen que estar pasándolo mal. Yo no traiciono porque soy de los que tendría que tomar pastillas para dormir. Y prefiero tomar vino. Es la política. Pues, ¡qué pena! Me interesaba más estar sentado en la mesa con alguien con quien compartir la lealtad. Y el día de la separación, por cosas importantes, no por llamadas valencianas, emprender cada uno su camino. Los caminos no se resquebrajan por "costas o campos". Alguien debió de pensar que no tendría coste apuñalar y entregar luego la mano. Esos que siempre hicieron lo mismo, y les funcionó. Algunos llevan demasiados años pensando en solucionar su vida, y la vida no les ha enseñado a vivir desde la dignidad. No me creo que no se pueda ser digno amando la política. Se trata de decir "no" cuando alguien te ha pedido empuñar un arma arrojadiza. Entonces, la traición, se vuelve en su contra. ¡Qué duro hablar de la traición! Y además, innecesario. Volverá a ocurrir. Y seguramente las víctimas serán las que esta vez perpetraron el crimen. Es la historia.