ENRIQUE GIMÉNEZ
Fiel al estilo femenino de su Ministerio, repartió sonrisas, un lote de 200 libros y un montón de cartas, escritas por alumnos de Educación Infantil y Primaria de tres colegios públicos de Madrid.
¿Cuál es el cambio de prioridades que trae Obama para acabar con los talibanes y con sus socios de Al Qaeda? Repartir miles de pastillas de Viagra entre los ancianos jefes tribales. Si Bush, en lugar de obcecarse en bombardear las montañas de Hindu-Kuch y el nudo del Pamir con sus misiles de precisión, hubiera aceptado la sugerencia de Aznar de enviar a aquellas lejanas tierras a Fernando Sánchez Dragó, vestido de Lawrence de Arabia, para que repartiese entre pashtunes, tadjikos, turkmenos, uzbekos y demás islamistas con barba la gragea de extracto de gusano de seda que él consume con espectaculares resultados, es posible que el conflicto hubiese terminado hace tiempo, y Bush podría haberse despedido de su ciclo presidencial con gorro de astracán y vestido de caftán en raso, compartiendo con Khamid Karzai un bocadito de shitake, el hongo japonés revitalizante.
¿Qué es un jefe tribal afgano? En primer lugar, un individuo que mientras forma bolitas con el sebo que desprenden los dedos de sus pies, considera que ser mahometano es mucho más actual para el hombre de hoy que ser cristiano, puesto que la religión de Mahoma es siete siglos más moderna. Es, en segundo lugar, un hombre viejo que nunca ha oído hablar de Cicerón, y que por tanto ignora que "no es molestia carecer de aquello que no se apetece". Como es jefe de tribu, no carece de lo que le apetece, esto es, de mujeres jóvenes que se cubren con el burka para los demás, pero que se desprenden de él para dar satisfacción al anciano jefe que reflexiona sobre el Islam mientras se toca los pies.
bama quiere que a estos ancianos polígamos en babuchas, a quienes ni la danza del vientre con cinturón de dólares redime de sus cuitas para mantener enhiesto su liderazgo, se le suministre este elixir maravilloso, del que se han consumido, en sus diez gloriosos años de existencia, 1.800 millones de dosis. Sylvester Stallone, a sus sesenta y dos años, ha sostenido a Rocky Balboa por espacio de 30 años gracias a que hace 10 la píldora azul acabó con las disfunciones que empezaban a ablandar los músculos, antaño de acero, de Rambo. El líder turkmeno, tadjiko o pashtun saldrá por la mañana de su casa de adobe acompañado de sus seis esposas embutidas en sus burkas, enseñará sus mellas tras una amplia sonrisa y los biceps bien tonificados entre las mangas arremangadas del caftán, reunirá a la tribu reunida y proclamará: "Los americanos son ahora nuestros amigos. La democracia de Obama nos ofrece buenos ratos que favorecen el bienestar general de nuestra tribu. El cerebro afgano puede liberar una serie de sustancias químicas que propician ese bienestar. El orgasmo es bueno para el sistema cardiaco, para el sistema respiratorio y para el sistema nervioso. La intimidad corporal que supone estar con todas nuestras mujeres a la vez ayuda a superar la soledad, el auténtico mal de la tercera edad. Y yo os digo: por cada oreja de talibán vuestro jefe os promete una pastillita azul, del color de los burka, para que la plantéis en vuestros huertos en lugar del opio. ¡Ah!, y nada de "Afganistán", que significa "tierra de bandidos". De ahora en adelante este país de montañas en erección se llama "Viagranistán". Un rugido unánime de júbilo saldrá de aquellas gargantas excitadas, y subidos en sus corceles de guerra, los hombres de la tribu se dirigirán a las montañas para lograr su oreja de talibán y dar así la talla.
Las tropas de la OTAN podrán dedicarse entonces a leer informes de la Fundación Sexpol para el Desarrollo del Bienestar y la Salud Sexual, y el contingente español a administrar contratos y a contar orejas como Manolete o José Tomás.
Enrique Giménez es catedrático de Historia Moderna de la UA.