ANTONIO RODES JUAN
Un servicio 24 x 365. La iglesia ha entrado decididamente en el terreno de la ingeniería de la productividad. Para digerir lo que se avecina hay que ser competitivo. Nada de jornada intensiva, ni siquiera de jornada completa. Jornada absoluta.
Llama, realmente, la atención, la singular iniciativa. Trato de entender todo el sustrato argumental, funcional e, incluso litúrgico, que hay a su alrededor. Advierto, por ejemplo, una clara funcionalidad: capilla de urgencias. Nunca hemos pensado que puedan producirse emergencias religiosas y, sin embargo, existen. Un pecado inesperado que urge de una expiación inaplazable, un arrebato de devoción a deshoras que necesita un desahogo. Estas cosas pasan, oiga. Respeto profundamente la afición que los católicos practicantes tienen por la oración. En este caso, sin embargo, la pregunta es por qué hay que rezar tanto tiempo. Se trasluce una clara preferencia por la cantidad frente a la calidad, lo que queda de mal gusto hablando de mística. Tratándose de Elche tiene, incluso, un cierto tufillo a machada apuntando a récord Guinness. Es una clara extensión de la famosa Adoración Nocturna. Pero mire usted en este pueblo, como somos así, la hacemos incluso de día. Se trata en cualquier caso, y de acuerdo con el signo de los tiempos, de una contundente versión de la sostenibilidad. El rezo sostenible. Y la extraordinaria movilización que lleva consigo el fervor en la España actual. Mil personas aseguran el éxito de la iniciativa. Tres cuartos de hora por persona y mes. Podrán utilizar toda la tecnología de la plegaria que la liturgia tiene archivada. Credos, salves, jaculatorias, maitines, laudes, primas, tercias, nonas, vísperas, completas, misterios gloriosos, gozosos, dolorosos, mater inviolata, mater intemerata, virgo potens, turris eburnea.
Pero, me inquieta, sobre todo, la pregunta de por quién rezarán. Cuando yo era pequeño rezábamos por los negritos de África, los niños que pasaban hambre al otro lado del mundo y las almas del Purgatorio. Hoy, sin embargo, los negritos de África se convierten en piratas que secuestran fotógrafos españoles, los niños hambrientos se entrenan como terroristas suicidas para volar trenes y rascacielos, y el Purgatorio lo han cerrado. Quizás, rezan por las muchas culpas de esta ciudad pecadora. Quizás piden para que acaben las plagas que asolan el municipio: la sequía, la desertización del Hondo, el picudo rojo, el Patronato Histórico Artístico de Pepe Payá, el hundimiento de los mercados zapateros, las lesiones del Elche. Sin embargo, el término municipal se queda corto ante el potencial olímpico de la capilla. Quizás, rezan por las subprimes, el euribor, la Fed y porque el Banco Central Europeo baje los tipos de interés. Quizás, oran por el cambio climático, sobre todo, ahora que la iglesia ha descubierto que la píldora anticonceptiva es un pertinaz causante del mismo. Según L'Osservatore Romano las mujeres que toman las maléficas píldoras despiden unos efluvios que, a la manera de las flatulencias de las vacas indias -¿o hindúes?-, pervierten el ozono.
Yo, sin embargo, creo que los esforzados voluntarios de la capilla no debieran ser tan generosos. Debieran ser un poco más egoístas. No mirar tanto por los demás. Quizás, debieran mirar más para adentro. A su propia casa. Y rezar por Rouco. Y por Ratzinger. Y a lo mejor, se obraba el milagro. q