FRANCISCO ESQUIVEL
Los alicantinos que han obtenido mayor repercusión nacional en el año que se ha despedido han sido la pareja ganadora de "Pekín Express" y Juan Antonio Iniesta, presidente del Alicante. Sin aparcar a Ripoll, que alcanzó su momento de gloria, quedan fenomenalmente colocados para dar que hablar en el año que acaba de comenzar el alcalde de Elche y su edil de Hacienda favorita y Sonia Castedo que, a este paso, tiene todas las papeletas para conseguir el reconocimiento de viveros de España. Sobre los concursantes del programa televisivo, nada les puedo aportar. En cuanto a Iniesta, fuera de Alicante ha despertado una curiosidad que hasta hace nada resultaba impensable. El otro día, circulando por una de esas carreteras medio nevadas del norte, pillé sobre la marcha a un especialista taurino de una emisora nacional que comparaba la temporada de Julio Aparicio con los vaivenes del mandamás alicantinista. No llegué a captar a cuento de qué, pero en lo primero que pensé fue en la de mozos de espada que ha debido devolver el diestro al corral. Con Iniesta tengo en común un amigo que nunca entendió qué necesidad tenía de meterse en semejante berenjenal -le daba igual el club- un tipo al que considera cabal. Tras el carrerón, algunos nos dirigimos a este amigo común diciéndole que tuviera cuidado porque el próximo podía ser él. Nos respondía echándose una risa nerviosa hasta el punto de que, antes de producirse el retorno de Granero, reservó en Formigal adonde se va por primera vez en su vida a esquiar. Es verdad que tampoco tiene ni idea de fútbol pero, tras comprobar cómo su amigo cedía el banquillo a Manolo Jiménez, decidió jugársela en las pistas. Me garantizan que Iniesta no dio aquel paso para intentar superar a Ortiz en todos los terrenos. De habérselo propuesto, en éste al menos, ya lo habría conseguido.