JESÚS J. PRADO
Anda cautivo y desarmado el ejército merengue. Aparte de tener a media plantilla lesionada, al responsable de la cantera saliendo a por tabaco y a un entrenador recién llegado que no es precisamente la alegría de la huerta. El espectáculo que han dado sus mandatarios, con un ex-presidente contratando compromisarios que sepan cómo reventar asambleas y con el actual poniendo alfombra roja a los «ultrasur», es de nota. Y mañana (a las 22.00 h., en La Sexta), el Barça de Guardiola. Mientras Florentino y Calderón se esfuerzan día sí y día también por enseñarnos en qué consiste pertenecer a un club señorial, la casa blanca sigue sin tener un ejecutor que dirija sus pasos, que guíe sus causas y que afine en sus objetivos (y eso que Mitjatovic pinta de ejecutor sí que tiene, pero de otro calibre). Lo que el Madrid necesita es alguien con mano izquierda, que tenga dotes de gestor e impecables relaciones con el poder, que no haga el ridículo en las ruedas de prensa y que sea socio madridista reconocido y reconocible: ¿qué tal el actual ministro de Interior?
Y es que ahora que han pasado los fastos del treinta aniversario de nuestra Constitución y parece que no hay mucho quórum para modificarla, para lo único que yo la cambiaba es para que este licenciado en Químicas y atleta en su juventud fuera siempre ministro, gobernara quien gobernara, y ya fuéramos nación monárquica indivisible, estado federalista asimétrico o realidad plurinacional estatutaria. Lo hace todo bien. Claro que habiendo sido portavoz de gobierno en la época «horribilis» de Felipe González, ahí se las den todas: después de eso, uno está preparado para lo que sea. Calmadas las aguas entre los dos principales partidos en materia antiterrorista, y con un claro apoyo por parte del resto de fuerzas políticas, día tras día y comparecencia tras comparecencia certifica que es el hombre adecuado en el momento adecuado. Obsesivo, pulcro, perfeccionista y duro negociador, sus declaraciones y anuncios de detenciones ayudan a visualizar el descontrol, la desorientación y la inseguridad que sufren los etarras: si no fuera por el dolor y la sangre que han provocado desde hace ya más de cuarenta años y por lo fácil que es seguir haciendo muescas macabras a los pies de la serpiente matando jubilados de setenta años que van sin escolta camino del bar, actualmente es más realista imaginarlos como secundarios en la secuencia del camarote de los hermanos Marx que como integrantes de una organización terrorista. Gracias al esfuerzo, el sacrificio y la valentía durante mucho tiempo de mucha gente, la sensación real y objetiva a día de hoy es que ETA se desangra, y ni sabe ni atina con el torniquete. Y Rubalcaba ejerce a la perfección el papel de forense cauto y pedagógico, que no tiene prisa pero que tampoco deja pausa por dar la fecha, la hora y la causa de la defunción.
Conociendo a Zapatero, raro será que frene su impulso -y vanidad- por ser el primer presidente que designe como sucesor para el cargo a una mujer. Pero el que realmente tendría posibilidades y deprimiría a sus rivales es el señor de la foto. Y no estaría de más -por una vez y sin que sirva de precedente- tener como presidenciable a alguien de más de cincuenta años, sin necesidad de adquirir experiencia sobre la marcha, con una valoración inmejorable por parte de los ciudadanos y con prestigio entre todos sus oponentes.
Como no caerá esa breva, madridistas del mundo, alegraros porque lo vuestro tiene solución y a un coste bastante menor que el de Cristiano Ronaldo, Villa o Kaká. o