LUIS DE CASTRO
Qué te pasa, ruiseñora?» Marifé, mi arbolito ramblero, respondió: «Que tengo un nudo de pena y celos en mi garganta, y hasta el corazón me llora». «Ya será menos?». «Es de veritát. Estic molt preocupada perquè l´alcaldessa ha dit que vol posar molt guapa la ciutat, i tinc por de que ens arrenque per à posar una altra volta les palmeres d´abans». No te preocupes, eso no pasará; se os ve a todos los árboles sanos y frondosos, y la Rambla está preciosa». «Aixó espere? Pero mira, també tinc por perquè la gent que passa per ací em diu que les branques tapen les faroles y está el carrer a fosques» «Bueno, el próximo año ya no las tapareis, llevais buen ritmo de crecimiento.» «Ai rei, que La Mare de Deu dels Desamparats t´escolte».
La mejor noticia de los últimos días ha sido la creación de la Concejalía de Estética Urbana: ¡Cuántas veces la he reclamado desde estas páginas! Las palmeras de la Rambla, borradas de un plumazo por el alcalde Alperi porque le salió de ahí, y hubo que tragar. El futuro que no fue. No digo yo que los arbolitos que sustituyeron a nuestras palmeras no hayan crecido con rapidez, pero ¿por qué aquel cambio? ¿qué aspecto tendría ahora la Rambla? Las quitaron a causa de las obras anti riadas, por necesidad, y por alguna razón desconocida se sustituyeron por aquellos junquillos que presagiaban un futuro que no ha sido, por suerte. Y el aspecto actual de la principal calle de Alicante no es peor, pero es distinto. Recordar una vez más las barbaridades urbanísticas realizadas en los últimos cuarenta años en esta maltratada city ni viene al caso ni vale la pena repetir lo tantas veces dicho ; pero miren, da gusto ver cómo está quedando el cine Ideal, felizmente casi restaurado aunque solo sea en su fachada, tantas veces temimos que cayera (¡uno más!) víctima de la piqueta y la especulación. Y también presagiábamos un futuro que no fue. Para ese edificio que vuelve a dignificar la calle donde se ubica, la única del masacrado centro tradicional que mantiene cierta armonía arquitectónica, se pueden aconsejar varios destinos futuros aunque casi todos debieran pasar por una actividad pública, no privada. ¿Diremos de nuevo lo del futuro que no fue? Bueno, más pronto que tarde lo sabremos, pero por lo menos ya está restaurado. Y vuelvo a la citada Concejalía de Estética: la flamante concejala tiene difícil tarea porque lo hecho? hecho está, y a ver quién es el concejal que lo echa abajo. Pero por lo menos podrá preservar de desmanes un futuro que es presente porque de lo que hay se pueden mejorar muchos aspectos, empezando por la limpieza mediante la exigencia a la empresa adjudicataria que de una puñetera vez resuelva el problema de la suciedad de las calles, un mal que ya se presenta endémico, y continuando, en lo que a la parcela pública compete, por el mobiliario urbano, los jardines, el vallado de solares, la exigencia de un mobiliario de calle de buen gusto para las nuevas licencias que se otorguen a bares y cafeterías con terraza, y si fuera posible el traslado a cualquier almacén municipal del monumento al soldadito español existente en la plaza del Mar, junto a la fuente. A la señora Oti García Pertusa le deseo con total sinceridad que acierte en sus decisiones y todos le estaremos muy agradecidos.
El otro día salí emocionado del teatro: «La cena de los generales» supuso el primer gran banquete de la temporada, con un Miguel Narros triunfante que aquí acierta como cuando Miguel Narros acierta. La tragicomedia toma como pretexto una cena en el clásico y elegante pero castizo Hotel Palas de Madrid, organizada por Franco para agasajar a sus generales, recién terminada la guerra civil, y nos ofrece un cruel mosaico de los dos bandos: los cocineros republicanos en prisión y libres del horror por una noche para tal cometido, enfrentados a algunos compañeros, del lado vencedor, que continúan en sus puestos de trabajo. Lo mejor de la obra es que no hay sangre, ni siquiera odio sino resignación. Pero hay tanta verdad, el grupo de actores es tan creíble en sus personajes que la emoción se apodera del espectador y se pasa de la risa al llanto con una naturalidad pasmosa, fruto indudable del acierto de José Luis Alonso de Santos con un texto que, desde mi punto de vista, supera a todas sus exitosas obras anteriores, («La estanquera de Vallecas», «Bajarse al moro»?) Y de nuevo el futuro que no fue. Esta frase, que da título a mi artículo la pronunció la otra noche en una entrevista televisiva ese monstruo del teatro que es Federico Luppi, refiriéndose al momento político de Argentina que le obligó, como a tantos buenos actores de aquel país, a emigrar a España donde felizmente rehizo su vida con mucho éxito en los aspectos artístico y personal. Nunca olvidaré su primer trabajo teatral para el público español con esa pequeña joya que se llamaba «El gran deschave», y que tuvimos ocasión de ver en Alicante. Pero en la mirada del gran actor había nostalgia y parecía preguntarse a sí mismo cómo sería el presente si el futuro hubiera sido lo que no fue. Reflexiones especulativas sin respuesta. No hay otra que dar la razón a Pasolini cuando decía que lo mejor de la vida es el presente, el pasado y el futuro.
La perla. «Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes» (Chavela Vargas). o