TONI CABOT
Con las maletas preparadas para viajar a Ibiza, donde tenía casi cerrada su incorporación como responsable técnico del club balear, Nino Lema escuchaba con sorpresa y satisfacción la oferta del Alicante, que le dejaba en casa al tiempo que le colaba en Segunda División, anhelo de un currante del fútbol que viene bregando y batiéndose el cobre desde tiempo inmemorial por el subsuelo de este deporte del balón. Lema responde al perfil de técnico requerido por el presidente, Juan Antonio Iniesta: Entrenador con hambre de éxito, que coloque el objetivo profesional por encima de cualquier otra consideración, que no exija un equipo de colaboradores para engrosar la nómina y, como remate, que no haga referencia al parné a las primeras de cambio. Sin embargo, no era Lema el que estaba llamado, en primera instancia, a ocupar ese cargo, ya que todo estaba puesto, dispuesto y diseñado para que la «quinta de Foietes» reuniera en Villafranqueza a un último cromo: Antonio Villaescusa. Esta apuesta, avalada por Manolo Jiménez y Eduardo de Temple, chocó con la decisión final del presidente, temeroso de lo que podría caer si el equipo no experimentara mejoría tras colocar a un entrenador que actualmente desempeña su labor en Primera Regional. La incorporación de Villaescusa, con todo, no está descartada, pero sería con la etiqueta de segundo técnico. Para ello, el actual preparador de L´Alfàs tendría que obtener la excedencia en su actual puesto de trabajo, un cargo de alta dirección en una compañía de seguros. En cualquier caso, más que compañeros de viaje, lo que Lema va a necesitar es paciencia y tranquilidad. Y de eso, el Alicante no ha ido sobrado en los últimos tiempos.