PEPE LÓPEZ
Dos alcaldes, dos partidos, dos animales políticos, Pedro Ángel Hernández Mateo y José Joaquín Moya, cuyas trayectorias tienen, lógico, muchas disparidades pero también algunas e importantes similitudes que adquieren más fuerza y evidencia ahora cuando sus longevos mandatos parecen llegar a su fin. Ironías del destino, este mismo año ambos han festejado los muchos años que llevaban al frente de sus municipios. Hernández Mateo lo hizo en mayo con motivo del XX aniversario de su ascenso a la alcaldía merced a una moción de censura en 1983 y lo hizo arropado por el mismísimo presidente del Consell, Francisco Camps. El acto tuvo la obscenidad política de que en el evento era difícil deslindar los intereses públicos y los partidarios, lo que, por otro lado, casi ha sido una constante en su mandato. El evento se organizó en un local municipal, en horario laboral y al mismo acudieron concejales, cargos políticos y numerosos funcionarios que, en buena lógica, tuvieron que abandonar sus puestos de trabajo para aplaudir al alcalde. Las explicaciones pedidas por esta confusión sólo han encontrado el desprecio y el silencio del alcalde. Es, ha sido, su particular forma de actuar en muchas ocasiones cuando éstas no han sido de su agrado. Hace escasas semanas el dimitido alcalde de Bigastro hizo lo propio para conmemorar el XXV aniversario de su ascenso al poder. Aquí, ciertamente, se guardaron las formas, pues el local escogido fue un restaurante particular, la hora fue nocturna y los asistentes pudieron hacerlo libremente. Ahora, Moya se ha ido acosado por Anticorrupción y Mateo ya ha dicho que no piensa seguir, con la sombra de los jueces siguiéndole los talones. Ambos -otra similitud- dejan tras de sí una herencia política difícil de gestionar. En Bigastro ya asistimos al primer capítulo de la lucha por el poder en el socialismo local y en Torrevieja, el sólo anuncio de su adiós ya ha destapado los primeras navajeos políticos. Llegados a este punto, nos preguntamos si parte de lo que les sucede a ambos ahora en el ámbito de la justicia no será consecuencia de tanto y, sobre todo, tan largo gobierno ejercido de forma tan absoluta.