FERNANDO DELGADO
Hayan decidido lo que hayan decidido los ciudadanos de Norteamérica, y si quieren acabar con Bush ojalá se hayan decidido por Obama, lo cierto es que va a abandonar la Casa Blanca, para fortuna de todos, un indocumentado peligroso que ha gobernado los EE UU en los últimos años. Y no es que yo pretenda insultar, que no es mi estilo, a este incompetente, cuya peligrosidad puede evaluarse muy justamente a la hora de su triste despedida, es que él mismo se definía ya en 2004 como "un tejano impetuoso y poco reflexivo". Clinton, su muy ponderado predecesor, que suele ser muy cauteloso a la hora de hablar de los que mandan, dijo de Bush que no sabía lo que quería, lo cual para un jefe de Estado no sólo es una descalificación en toda regla sino un aviso a los demás para que disparen las alarmas y se ponga a salvo si pueden. Así que si alguien pensó que Norman Mailer, extraordinario narrador norteamericano, era un radical que exageraba al proclamar hace ya años que "Bush es un peligro para todos", con la que después se nos vino encima con Irak y el derrumbe que ha sufrido el sistema, amén de otras innumerables torpezas, habrán podido comprobar lo que es un profeta. Y también dijo Mailer que era Bush el presidente "más estúpido que hemos tenido y se sirve de la estupidez como estrategia". Así que, aunque para detectar la poca inteligencia y el mal gusto de Bush no hacen faltan singulares dotes intelectuales, más bien puede parecer de Perogrullo todo lo que se diga de sus carencias, es evidente que no ha tenido suerte con la inteligencia de su país. Susan Sontag y Gore Vidal estuvieron tan de acuerdo con Mailer que aseguraron que en EE UU hay menos democracia con Bush que hace 30 años. Ya sé que no es la opinión de Mariano Rajoy, que vio en su día como una desgracia para España que Zapatero, según él, se dedicara a dar a Bush "patadas en las espinillas". No es para menos, siendo como es Bush amigo muy dilecto del presidente honorario de su partido, y habiendo contribuido como lo hizo a que perdiera Rajoy las elecciones de 2004. No digo nada de Aznar, porque habiendo sido dicho de Bush lo que aquí queda dicho, a lo mejor es poco delicado decir que en Aznar no sólo tiene Bush un amigo, sino un fiel imitador.
Y APARTE. Nunca he pensado que para ser jefe de Estado o primer ministro de un gobierno sea preciso contar con dotes excepcionales y, por si alguna vez hubiera tenido la tentación de pensarlo, he podido comprobar en nuestra historia reciente que alguien muy mediocre puede gobernar un país sin que afecte a la supervivencia de la nación, aunque veces la amenace. Pero, con independencia de las visiones ideológicas de cada cual, hay en el caso de las carencias de Bush bastante unanimidad. De modo que por eso no me extraña que muchos norteamericanos crean firmemente en el Dios de Abraham; debe resultarles imposible comprender cómo con Bush no han pasado cosas peores sin una oculta mano divina; aunque el inventario de las cosas que han pasado con él y por él ya se las traiga. Ya sé que está casado con una bibliotecaria, pero eso no significa que la esposa se traiga los libros a casa ni que Bush se sienta atraído por ellos. Y es que hay gente a la que no le gusta mezclar las cosas del trabajo con la vida familiar.