EL TABALET
Eso es lo que parecen decir los perdedores del Congreso del PSPV. El hecho de que frente a la candidatura de Alarte se formara una coalición negativa, únicamente interesada en que no triunfara quien luego resultó ganador, obliga a los perdedores a intentar cohesionar el heterogéneo grupo sobre la base de comunicar que van a seguir en pie de guerra, dando batalla en los congresos provinciales y en todo lo que se avecina. Como dijo Ortega: "¡Qué error, qué inmenso error!".
Y es un error, en primer término porque no parecen haber recibido el mensaje que se transmitió en el propio congreso. Un mensaje que muchos militantes socialistas valencianos, pero sobre todo la inmensa mayoría de los votantes y absolutamente todos los que nos consideramos identificados con un proyecto de progreso, suscribimos perfectamente. Un mensaje que se traduce simplemente en un ¡ya está bien! Ya está bien de guerras, ya está bien de anteponer los intereses personales a un proyecto de progreso, ya está bien de congresos fallidos. Pensemos en las diferencias en lo que ocurrió en el congreso de Alicante de 2000 o, como se recordó, en la actuación de Bono en el congreso que ganó Zapatero. Allí y entonces los perdedores supieron dar un paso atrás y respetar al ganador. ¡Y eso que el margen por el que habían perdido era más estrecho que el de esos veinte votos! Pero, claro, de cómo se esforzaron Bono y Zapatero en superar y cerrar heridas no cabe ninguna duda, y ahí siguen ambos siendo la segunda y tercera autoridad del Estado, lo cual significa que al final el actuar adecuadamente tiene su recompensa. Y de cómo actuó Pla más vale no hablar. Bueno más vale no volver a hablar de Pla cuyo futuro político quedó enganchado a una factura, no tanto por la factura en sí sino por lo que ello ponía de manifiesto. Aunque él y alguno de sus turiferarios no se haya percatado de ello y se le quiera seguir viendo como objeto de una injusta persecución. Al final nos mostraremos de acuerdo con aquella sentencia que afirma que los dioses ciegan a los que quieren enloquecer.
Con esa legitimidad nos atreveríamos a decirle a Ximo Puig, que nos merece todo nuestro respeto, que no siga por ese camino. Que no se deje arrastrar por quienes tienen tanta responsabilidad en el desastre del PSPV, buena parte de ellos autores, más que instigadores, del desastre de Pla. Ximo hizo, eso todos los reconocen, en el Congreso un buen discurso. Un tanto demagógico pero, en definitiva, un buen discurso. Lo que ocurre es que resultaba poco creíble cuando iba de la mano de una patulea en la que se integraban personajes y personajillos como Sarriá, como Franco, como BuenoÉ En definitiva, con todos esos a los que no hace mucho calificábamos en El Tabalet como especialistas en ganar asambleas (y para mayor INRI últimamente ni eso; ¡afortunadamente!) y en perder elecciones. O también se apoyó en muchos de los que se han especializado en no haber pegado un palo al agua en toda su vida, transmitiendo un mensaje de que eran los de siempre. Pero también tuvo detrás a gente más que valiosa, y por eso nos permitimos igualmente a dirigirnos a ellos, a personas como Martín Sevilla o Diego Maciá entre otros muchos, para que contribuyan a reconducir las cosas. Que no se dejen atraer por el señuelo de los veinte votos para seguir con las armas en la mano, que aporten todo lo mucho que -ellos sí que tienen que aportar no los especialistas en perder elecciones- a un proyecto común. Que así se contribuirá a consolidar un proyecto de futuro.
De la misma forma que hay mucho que decir a buena parte de los que apostaron por Romeu. Y posiblemente a él mismo, una vez que se haya superado la perplejidad del pacto visualizado en la foto entre ¡Puig, Garcés y Romeu! Pocas veces una foto ha podido resultar más dañina para un futuro político, en este caso el de Romeu. ¿Hay alguien que haya entendido que quien se había trabajado un mensaje de renovación terminara yendo de la mano del aparatismo más casposo? ¿Hasta dónde pueden llegar las ambiciones? Hace algunos años -en realidad bastantes años- publicó Mitterrand un libro en ese formato de entrevista que tanto placía al líder francés. El caso es que le preguntaban por una postura política que otro socialista francés había asumido, y Mitterrand, con esa displicencia elegante que le caracterizaba, la descalificó con una frase demoledora: "Esos son los falsos ropajes ideológicos con los que se visten los ambiciosos". ¡Tanto debate, tanta renovación, para terminar averiguando que toda la renovación de Romeo duraba lo que dura un Padrenuestro! En definitiva, lo que se tardó en hacerle un ofrecimiento de ser candidato a presidente de la Generalitat. Pero también Romeu arrastró a una parte significativa de los mejores activos, presentes y de futuro, del PSPV. Estamos seguros que buena parte de ellos no seguirán una guerra de guerrillas contra los elegidos porque se habrán percatado de la catadura de buena parte de quienes están en esas posturas aparentemente indomablesÉ pero que pueden durar lo que tarda un ofrecimiento a algún sitio que les permita seguir viviendo sin trabajar. Es decir otro Padrenuestro.
Y no nos vengan con milongas. Que no se trata de que manden los de Madrid o los de Valencia. No nos vistamos con falsos ropajes ideológicos para esconder ansias de poder. Se trata de que al frente estén los mejores. O al menos que no estén los que la evidencia empírica nos asegura que nos llevan al desastre. A todos, aunque ellos se queden en las poltronas.
Pero siempre es posible que haya quien no quiera recibir estos mensajes. Pues entonces, el reglamento, los estatutos. ¡Qué tarea tenéis, Jorge, Elena! Os cabe limpiar, depurar censos, perseguir cotizaciones sospechosas, votaciones en los que votan los muertos (es un decir). En definitiva volver a hacer que quienes militan o votan al PSPV vuelvan a sentirse orgullosos. Y vuelvan a incorporarse quienes se han ido apartando por el burocratismo casposo y oscuro. Y a incorporar nueva gente que lo está deseando. ¿Cuánta gente de la generación Zapatero se ha sumado al proyecto y los sarriás de turno no han sabido o mejor dicho no han querido incorporarles? Pues arremangaros y a la tarea. Y al final, como decía Camús, estaréis orgullosos el día que podáis decir: "¡Hicimos lo que teníamos que hacer! ¡Hicimos lo que teníamos el deber de hacer!".
Forman parte de El Tabalet, entre otros, Antonio Díez, Luis Perant y Tomás Barber y Rafael García.