Por favor, no me pegues

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LUIS PRATS PÉREZ Por favor, no me pegues, por favor, no me des más patadas, ya basta, no puedo más, por favor, por favor, ¡Dios! Alaridos de tormento, tortura sin sentido; diversión, odio, maldad, espiral de violencia. ¿Por qué me pegas?, para, por favor, por favor. Para ya, para, no puedo más; voz trémula, rechinando los dientes, pidiendo clemencia. Entre sollozos y gritos, mordiendo el polvo, arrastrando el magullado cuerpo, esperando aterrorizada la próxima andanada de golpes e insultos, miedo al dolor, miedo a la muerte, miedo a la gente. Engañada, vejada, apaleada, patadas, puñetazos, rodillazos, todo vale en el loco frenesí del gratuito vapuleo. Tosco sadismo de quien ejecuta, de quienes observan. Culpabilidad compartida por omisión en la brutalidad, en el salvaje apaleamiento de una chica, que encogida ruega clemencia a la verdugo, a sus sanguinarias linchadoras.
Por favor, no me pegues, repite una y otra vez, hasta la saciedad, mientras traga sangre, mientras se llena de legañas de polvo, sudor y lágrimas que la impiden ver, mientras se ahoga entre sollozos, entre golpes. Atroz paliza, que le nubla la vista por momentos, que la traslada de la inconsciencia a la conciencia a cada arremetida de la salvaje que la golpea sin piedad, con regocijo y chulería, con bravuconería ante la jauría que le aplaude, la jalea, caterva inmisericorde. "Mátala, písale la cabeza", aúlla el coro ávido de sangre que anima, que azuza a la agresora. Tienen sed de sangre, malsano comportamiento que revela una enfermiza juventud de patología social amoral. La crueldad fortalece a los cobardes. Promiscuas en el maltrato.
Por favor, no me pegues; pero siguen sordas a la súplica de su víctima, siguen impávidas a los ruegos del dolor. Pegan sin motivo aparente, por depravación, ni robo ni necesidades a cubrir, no les falta de nada, les sobra maldad, les falta intelecto, les sobra saña, les falta piedad, les sobra perversidad, les falta clemencia. Comando perverso de niñas satánicas. Alimentan la empatía de la iniquidad, son pandilleras del averno. Acechan como lobos hambrientos, seleccionan la pieza a cobrar, cacería ventajista, cinegética cobarde, saciando el hambre de cólera, de furia desatada. Frialdad que aterra.
Esta vez ha sido en Colmenarejo: una joven ecuatoriana ha sido objeto de una brutal paliza propinada por una bestia disfrazada de jovencita con la complicidad de sus camaradas y adictas al dolor ajeno, que al tiempo grababan las escenas con el objeto del inhumano "pásalo". Un caso más de la demencia en la que se mueven algunos jóvenes al descargar su furia, su rencor sobre indefensos, sobre los más débiles. Pobres progenitores criando cuervos creyendo que son palomas. No conocen ni se interesan por el altruismo, la generosidad, la bondad, la humanidad, la consideración; se mueven como pez en el agua en la vileza, la ruindad, la bellaquería, la precocidad en la delincuencia. En el metro, en los cajeros, en un descampado, a indigentes, a jovencitas, de cualquier raza, de cualquier nacionalidad, en distintos lugares o poblaciones, seguramente no les moverá el racismo o la xenofobia -quizás no sepan ni su significado-, puede que lo hagan henchidas de clasismo, pero lo evidente es que les une la sed de violencia, la brutal saña que descargan sobre sus víctimas, la desalentadora indiferencia con la que les golpean en macabro delirio. Preludio de carrera delictiva, carnes de presidio sin arrepentimiento, sin aflicción por lo cometido.

Ante casos así, la impunidad duele, golpea de nuevo a la víctima, se abre la polémica de cómo aplicar la justicia, cuando ésta y la sociedad debieran ir de la mano. Un Estado garantista procura un juicio justo e imparcial al acusado, "in dubio pro reo" como máxima a tener en cuenta. Otra cosa son legislaciones que proporcionan trato de favor al delincuente, que le protegen en demasía, que abogan por la reinserción aún sin la firme voluntad del acusado, que atenúan penas por motivos inocuos. No se es más demócrata por apostar por la redención de penas, ya el franquismo así lo disponía por días trabajados. La ejemplaridad también es positiva, el peso de la justicia se hace a veces indispensable. Equidad, rigor y proporcionalidad pueden ser complementarias. En determinadas conductas la condición de juventud no debiera tenerse como eximente o atenuante de unos hechos que nada tienen que ver con una pelea propia de la condición púber del individuo. El significado de tortura abandona a veces el abstracto y oscuro mundo donde mora y cobra una realidad mensurable, tangible, que nos enmudece. o

Luis Prats Pérez es sindicalista y empleado de la CAM.

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