FRANCISCO ESQUIVEL
Y esta noche, si la autoridad y el tiempo no lo impiden, ¡la Cena de la Cámara! ¡Tachiiín! Se preguntarán ustedes: ¿Pero ya ha pasado un año desde que el presidente de la Generalitat se pilló el rebote aquel? En absoluto. Para que vea Camps que a Valenzuela lo que le va es volvernos locos a todos, no sólo a él. Transcurridos siete meses del aldabonazo que dejó a muchos de los presentes turulatos perdidos sin saber hacia dónde tirar, el presidente cameral nos lleva a un nuevo escenario de los múltiples por los que nos ha paseado. En el que no ha podido introducirnos todavía es en el Palas a pesar de haber sacado el güisqui a la fachada por unas horas. No va a serle fácil pasar el trago de esta noche. Fueron tan frontales los envites lanzados en la cita precedente que mal lo va a tener Moscú para salir adelante con una faena de aliño. Pero lo que envenenó el resopón fue el chorreo por la discriminación que sufre esta provincia tanto en los repartos del Consell como del Gobierno central, saliendo peor parado incluso el primero. El clima general acompaña hoy menos que entonces y los agentes andan haciendo dibujos en el aire. La patronal de la Comunidad, Cierval, acaba de pedir entre otras que se congele el salario de los funcionarios para reactivar la intervención pública después de reconocer que se ha permitido un desarrollo excesivo en la construacción. A buenas horas mangas verdes. Por lo demás, el cuadro de los últimos lustros con los socialistas sin levantar cabeza. Al Gobierno de Zapatero no se le ha ocurrido otra cosa que dar a conocer por primera vez en la historia las conclusiones de la balanza fiscal que reflejan la cantinela más efectiva del Consell: percibimos mucho menos de lo que aportamos. Entre ésto y la zapatiesta de su anfitrión en noviembre pasado, se especula con que Camps ni hable. El momento, no obstante, invita poco a la especulación.