PEPE LÓPEZ
Busco signos evidentes de la crisis y pronto los encuentro en la cara y en los gestos del vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes. Cómo no será la cosa que, ayer, abrumado por los datos, el hombre reconoció abiertamente que nos hallamos "ante la situación más compleja" jamás conocida por él, palabras que en boca de un hombre tan parco son para preocuparse. Pero, claro, junto a los grandes datos de la crisis que nos martillean la actualidad (suspensión de pagos de Martinsa-Fadesa, caída de las bolsas, precios desbocados de los combustibles, cierre de Altadis, despidos en cadena...), datos éstos duros e incontestables, fríos como el acero, nos encontramos esos pequeños detalles de andar por casa que, la verdad, no ayudan ni animan a tomarse un respiro. Aquí mismo, en sendas urbanizaciones de Orihuela y San Isidro, cientos de personas y familias están viendo como su verano se ha convertido en una pesadilla porque Iberdrola se niega a seguir dándoles servicio. Así llevan desde hace semanas y la cosa no pinta nada bien. Tan es así que algunos ya hablan de regresar a Madrid y vender su casa porque-no-ven-salida. La trastienda de ambos casos es parecida: empresas que no cumplen y hacen imposible que las viviendas obtengan las cédulas de habitabilidad necesarias para tener luz y agua. Habrá que pensar que la crisis no sólo nos llega fuerte desde arriba, si no que aquí, abajo, a veces parece que tampoco empujamos en la buena dirección.