Torremendo no se resigna a ser moneda de cambio en operaciones político-empresariales donde ellos no tienen voto y su voz apenas se deja oír. Los vecinos de esta pedanía oriolana iniciaron ayer frente a la Diputación de Alicante una lucha que se promete larga y llena de dificultades, al estilo de otras recientes pero ahora contra unos "enemigos" mucho más poderosos. Un día, un lejano día, un empresario, Ángel Fenoll, pensó que todo el campo de esta olvidada tierra era orégano, quiso abrir allí, en este trozo de mapa próximo a Murcia, una planta de basuras para ampliar su negocio. Para ello contaba con el apoyo tácito de un alcalde, José Manuel Medina, y con un partido, el PP, que tantos favores le debía. Pero el proyecto se empantanó por la negativa y la decidida oposición de unos vecinos que, cual Fuenteovejuna, hicieron frente con protestas interminables y retenes ciudadanos que impidieron una y otra vez el paso de los camiones. No importaba el frío de las noches ni el calor de los días. Ataviados con mantas y calentándose en improvisadas hogueras encendidas de madrugada, los vecinos se cargaron de razones que les llevaron a la victoria. Ahora, otra vez, el destino siempre tienes estas cosas, están empeñados en reeditar la lucha, y por esto, aunque sólo sea por el gesto, merecen todo el respeto más allá de que compartas o no sus razones de fondo. Pero en esta ocasión el enemigo a batir es más fuerte y está, seguramente, mejor pertrechado para aguantar. Ellos lo saben, pero su conciencia les dice que no pueden callar.