Entre un ministro de Defensa que convierte su toma de posesión en un sarao folclórico y que pronuncia España con "ge", otro que vitorea a Honduras cuando en realidad lo que pretende es homenajear a El Salvador y que para más inri formula sus buenos deseos en un contexto bélico provocado en territorio básicamente agropecuario, y una tercera que se pone a pasar revista embarazada y susurra¡Viva España y viva el Rey! como pidiendo perdón por la osadía, el arriba firmante se queda con esta última. Qué le vamos a hacer si a uno le sigue saliendo urticaria ante las grandes proclamas, la alharaca, la grandilocuencia, el griterío, el derroche de bilis y la producción industrial de mala baba. Que una cosa es que probablemente no estemos ante "lo más" (la ministra más joven, la primera ministra de Defensa, el primer Gobierno de la historia con más mujeres que hombres, etcétera); como pretenden hacernos creer sus mentores y otra bien distinta que nos hayamos precipitado al vacío, como se empeñan en magnificar sus detractores sin darle al invento no ya cien días de rigor sino ni siquiera cien segundos de cortesía. O sea que al cúmulo de chascarrillos, todos ellos ofensivos y con maldita la gracia, que se han sucedido desde que Zapatero habló por esa boquita, aportó ayer su grano de arena el presidente de la Generalitat. Lanzado igual que un AVE como está en defensa de su líder supremo y tenso tal que el arco de un violín tanto por factores endógenos como por cuestiones exógenas, Camps sufrió una descarga de adrenalina que le llevó a afirmar que Carme Chacón era una ecopacifista con guitarra. Eso, amén de otras lindezas dirigidas a los suyos, dicen que dijo el otrora discreto jefe del Consell. ¿Y qué tendrá este hombre contra las guitarras?