Me alegré de coincidir con Mamen Mendizábal cuando, al final de "Viva la República", documental que La Sexta estrenó el domingo, dijo que acabábamos de ver un juego. Eso pensé mientras lo veía porque, aunque con mucha amargura, nada de lo que se decía era verdad. Qué putada. Ni era verdad que Franco, derrotado, expulsado de un país al que traicionó, acabó muriendo en Nicaragua, fuera de la patria, ni era verdad que el bando de los republicanos ganó la guerra, ni era verdad que la escuela pública, y por supuesto laica, tomó un impulso inusitado. Un juego. Hasta Paul PrestonRoman Gubern se prestaron con sus declaraciones a ese delirio histórico que sólo la televisión, con el arma de las imágenes, puede hacer posible. El juego, casi doloroso, nos puso en los labios lo que, tal vez, pudo haber sido y no fue.
Hay que agradecer que La Sexta anime la oferta con otras ofertas, distintas, suculentas, una apuesta imaginativa que no busca a toda costa el pelotazo inmediato sino, por ahora, ser refugio de una audiencia tan vapuleada como descreída. Su firme estrategia es tan inteligente como la de esos padres que inculcan a sus hijos la imperiosa necesidad de la curiosidad intelectual.
El pasto de borregos es fácil de hallar a sólo un golpe de mando. Véase, o mejor, véase en zapatillas de deporte para salir corriendo, este tipo de pastizal tóxico en otras televisiones nacionales o autonómicas. Pasé por Murcia y vi a Antonio Hidalgo presentando En esta noche. Un festival paleto. Cómo explicarlo. Ni José Luis Moreno, jugando como La Sexta con la República a ser peor que en "Noche de fiesta", alcanzaría cotas tan tremebundas de ofensa.
Y lo peor, tomándose el juego en serio.