Losantos y Pedrojota esperan a Soraya para proporcionarle su bautismo de fuego. La han citado a las ocho de la mañana, y que no se le ocurra poner excusas. Mientras la nueva portavoz se encamina a su cita debe ir escuchando la bienvenida que le han preparado para que vaya tranquilita: "Si ha leído los periódicos se habrá dado cuenta de que los detractores habituales del pepé ensalzan su llegada al tiempo que los medios más cercanos al partido aparecemos divididos y con grandes dudas. ¿Le dirá algo esto?". Que, por mucho que quisiera, no podía dar media vuelta. No le quedaba otra que comparecer ante el monstruo que el partido ha alimentado durante años y del que, cuando alguien ha intentado desmarcarse, ha recibido su merecido. Desde esa panorámica, Rajoy ha dado muestras de bajar el pistón y le está cayendo de todos los colores: "Pensando en la crisis que afrontamos, ¿cómo se puede formar de cara al congreso de Valencia una ponencia económica con gente de prácticas como Gerardo Camps, una de segunda fila del equipo de Esperanza y otra de tercera del de Arenas en un partido que cuenta con gente de primer orden como Rato, Montoro y Pizarro?". El ostracismo de este último duele en sus patrocinadores mientras, con Soraya ya de cuerpo presente o casi, Pedrojota se tira de los pelos a estas alturas porque la nueva dirección no haya sido elegida de manera democrática y le hace ver a la designada aún sin estrenar que dónde va ella triste de sí hacia una función de semejante envergadura que en su día desplegaron próceres del calibre de Rodríguez de Miñón, Rato y su antecesor más cercano. Soraya debía encontrarse abrumada ante un recibimiento con tanto elogio. Como para preocuparle José Antonio Alonso.