OBITUARIO

Joao Havelange, expresidente de la FIFA y artífice de concebir el fútbol como espectáculo

El otrora todopoderoso relaciones públicas del balompié muere en el ostracismo más absoluto a los 100 años en plenos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, cuya candidatura él mismo impulsó

26.08.2016 | 00:45
Joao Havelange, presidente de la FIFA entre 1974 y 1998, en una imagen tomada ese último año.

Joao Havelange, quien fuera presidente de la FIFA entre 1974 y 1998 y al que se considera artífice de la concepción del fútbol como un espectáculo que mueve enormes cantidades de dinero más que como un deporte, murió este martes 16 de agosto a los 100 años de edad en Río de Janeiro. Estaba ingresado en un hospital por un tratamiento pulmonar, después de que en los últimos tiempos su salud se hubiese deteriorado.

Se da la circunstancia de que Havelange ha fallecido en plena celebración de los Juegos Olímpicos de Río, de cuya candidatura como sede él mismo había sido uno de los principales impulsores. Su caluroso discurso en Copenhague en 2009 fue uno de los factores que convenció a sus entonces colegas del Comité Olímpico Internacional (COI) para votar a la ciudad brasileña por delante de Madrid, Chicago o Tokio. Sin embargo, el pasado 5 de agosto fue el gran ausente en la ceremonia de inauguración celebrada en el estadio Maracaná. Y no lo fue por su avanzada edad ni por su delicado estado de salud, sino porque desde 2012 estaba en el más absoluto ostracismo.

Havelange, que fue waterpolista en su juventud, estaba prácticamente marginado desde que en 2012 se destapó el escándalo del pago de sobornos por parte de ISL, empresa que fue dueña de los derechos audiovisuales del Mundial, a altos dirigentes de la FIFA, entre ellos su presidente. Tras descubrirse estos hechos, Havelange renunció a su puesto de presidente de honor de la FIFA y a su cargo de miembro del COI, antes de que estos organismos tuviesen tiempo de estudiar posibles sanciones.

Joao Havelange fue responsable directo de convertir el fútbol en un espectáculo planetario, pero al mismo tiempo también inauguró el linaje de directivos corruptos de la FIFA que sacaron tajada de este lucrativo negocio. Con una personalidad fuerte, un carácter hosco y conocido como todo un maestro de las relaciones públicas, Havelange cumplió un siglo de vida el pasado 8 de mayo y lo hizo marginado, sin fastos ni agasajos por parte del mundo del balón.

El brasileño alardeaba de haber encontrado la FIFA con 20 dólares en caja cuando llegó a la presidencia en 1974 y haberla transformado en una multinacional con 209 países afiliados y un patrimonio financiero de 4.000 millones de dólares cuando le cedió el cetro a su sucesor, Joseph Blatter, en 1998. Bajo su mandato, la Copa del Mundo pasó de 16 a 32 selecciones y dio un mayor protagonismo a América, África y Asia, extendiendo la fiebre por el fútbol a todos los rincones del planeta. Además, introdujo nuevos torneos como los mundiales sub'17 y sub'20, el Mundial de Clubes, la Copa Confederaciones y la Copa Mundial Femenina, con los que la FIFA se convirtió en una máquina de hacer dinero.

En los 24 años que ocupó la presidencia de la FIFA, se empeñó en que el fútbol se transformara en un espectáculo que consigue que los millones de personas que no caben en el estadio estén presentes a través de la pantalla. Pero de forma paralela, aprovechó los millonarios ingresos que aportó la televisión para llenarse los bolsillos de sus elegantes trajes, con lo que inauguró la infame saga de dirigentes de la FIFA cuyo nombre se ha visto manchado por la corrupción.

El escándalo, el único que se le ha demostrado, sólo le salpicó en 2012, catorce años después de haber el cedido el poder a Blatter, cuando vio la luz un informe que desveló que tanto él como su exyerno, el entonces presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) Ricardo Teixeira, recibieron sobornos millonarios. Fueron pagados sistemáticamente entre 1992 y 2000 por la empresa ISL, dueña de los derechos audiovisuales del Mundial hasta que la compañía quebró en 2001.

Estas denuncias le forzaron a presentar su renuncia como miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) para evitar ser sancionado y también a abandonar su puesto de presidente honorario de la FIFA, cargos desde los que continuó gozando de una gran cuota de influencia y de respeto en el mundo del deporte. Esa influencia la usó para persuadir a sus compañeros del COI para que designasen a su ciudad natal, Río de Janeiro, como sede de los Juegos Olímpicos de 2016, por delante de Madrid, Chicago o Tokio.

El gran artífice de la designación de Río de Janeiro como sede olímpica, fue, sin embargo, el gran ausente en la ceremonia de inauguración celebrada el pasado 5 de agosto en el estadio Maracaná. Río de Janeiro ha escondido su nombre en los Juegos Olímpicos y lo retiró del Estadio Olímpico, que fue denominado "Joao Havelange" en 2007, cuando el dirigente era uno de los miembros más respetados del COI.

Havelange también fue polémico por su trato cercano con las dictaduras que sometieron a varios países sudamericanos durante sus años en la FIFA, en especial con Argentina, donde ratificó la celebración del Mundial de 1978 dos años después del golpe de Estado de los militares. En una entrevista, Havelange confesó que intercedió con éxito ante el dictador argentino Jorge Rafael Videla para que pusiera en libertad a un preso político brasileño, Paulo Paranaguá. Además tuvo buenas relaciones con la dictadura brasileña, que se prolongó hasta 1985, y con el Chile de Augusto Pinochet, al que le concedió el Mundial Sub'20 de 1987.



Entierro del expresidente de la FIFA Joao Havelange, este martes 16 de agosto en Río de Janeiro. Foto: Nacho Doce / Reuters


Antes de llegar a la FIFA, el currículo de Havelange ya estaba vinculado al deporte, aunque no siempre al fútbol, sino también a la piscina. Nacido el 8 de mayo de 1916 en Río, Jean-Marie Faustin Goedefroid de Havelange, de ascendencia belga, llegó a jugar al fútbol en las categorías juveniles del Fluminense y luego representó a Brasil como nadador en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y en el equipo de waterpolo en Helsinki en 1952.

Al abandonar las piscinas, se dedicó a la abogacía y se hizo empresario. Presidió durante 58 años la compañía de autobuses Cometa, que convirtió en una de las más importantes del sureste de Brasil. Por otra parte, comenzó su carrera de dirigente deportivo en 1958 como presidente de la Confederación Brasileña de Deportes, precursora de la CBF, aunque delegó las responsabilidades del departamento de fútbol a Paulo Machado de Carvalho, quien sí procedía de ese deporte y se implicó de forma directa en dar apoyo a la selección.

No obstante, se benefició de los éxitos de la Canarinha, que durante su gestión ganó tres mundiales con Pelé a la cabeza, puesto que estos triunfos le abrieron de par en par las puertas de la FIFA en 1974. Desde entonces, gracias a su labor, cosechó incontables honores y reconocimientos en su país y en el extranjero, pero en los últimos años se había alejado de los focos, tras la constatación de su implicación en casos de corrupción.


"Importancia eterna" para el fútbol brasileño

La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) destacó la "importancia eterna" del expresidente de la FIFA y decretó siete días de luto. La entidad destacó el papel fundamental que Havelange tuvo en la elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos, a la vez que resaltó la "popularización" que el expresidente de la FIFA dio al deporte brasileño y el diálogo mantenido con los presidentes de las confederaciones en todos los continentes.

El organismo subrayó el empeño de Havelange para transformar el fútbol en un espectáculo y el salto que el Mundial de fútbol tuvo bajo su paraguas como presidente de la FIFA durante 24 años. "La organización de la Copa del Mundo puede ser dividida entre antes y después de Joao Havelange", aseguró en un comunicado. Además, informó que se mantendrá un minuto de silencio en su honor en la próxima jornada del Campeonato Brasileño de fútbol.

El expresidente de la FIFA fue enterrado en el cementerio carioca de Botafogo en una ceremonia íntima a la que asistieron familiares, amigos y dirigentes del fútbol brasileño. La inhumación tuvo lugar apenas unas horas después de que se conociera su muerte. A ella acudieron varios dirigentes del deporte nacional, como Carlos Arthur Nuzman, presidente del Comité Olímpico de Brasil, el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Marco Polo del Nero, el expresidente de la CBF Ricardo Teixeira, que fue yerno de Havelange, y el jefe de la misión brasileña en los Juegos, Bernard Rajzman. Todos ellos elogiaron la figura de Havelange y evitaron pronunciarse sobre los escándalos de corrupción que le obligaron a dejar la FIFA y empañaron sus últimos años.

La bandera brasileña ondeó a media asta en el Estadio Olímpico, aunque el Comité Olímpico Internacional rechazó colocar también a media asta su bandera oficial. El portavoz del COI, Mark Adams, rechazó referirse a la polémica sobre Havelange: "Un hombre de 100 años ha fallecido hoy. No es el momento adecuado para hablar de estas cosas", dijo.

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