BIOGRAFÍAS DE PERSONAJES DEL SIGLO XX EN LA PROVINCIA

Enric Valor. Filólogo y escritor, estudioso e impulsor del valenciano y de la literatura popular en esta lengua

Es una de las grandes figuras de la literatura contemporánea en valenciano y clave en la normativización y promoción de la lengua, además de tener un papel fundamental en la recuperación de la narrativa popular gracias con sus recopilaciones de 'Rondalles'

26.05.2016 | 18:32
Enric Valor en su casa de Valencia en 1998.

Resulta muy difícil que alguien que a lo largo de los últimos 40 años ha aprendido valenciano o lo ha estudiado en algún momento de su vida académica no conozca a Enric Valor, bien por haber leído alguna de sus novelas o las narraciones populares (rondalles) que él recopiló o por haber empleado sus obras sobre vocabulario y gramática para mejorar su dominio de la lengua autóctona. El escritor y filólogo de Castalla es una de las figuras cumbre del siglo XX en las letras en el ámbito lingüístico catalán, con una trayectoria más que reconocida por parte de numerosas instituciones académicas y políticas de la Comunidad Valenciana, Cataluña y las Islas Baleares. Su obra es además tan prolífica como diversa, al ir desde la producción literaria en su aspecto más estricto al estudio del léxico y la gramática de la lengua y la promoción de su uso a nivel oficial, pasando por la etnología –a través de la recopilación y preservación por escrito de las rondalles populares– e incluso por el periodismo satírico.


Enric Valor en un acto público en Valencia en 1998. Foto: Ferran Montenegro

Enric Valor i Vives nació en Castalla el 22 de agosto de 1911, en una familia de propietarios agrícolas en una posición económica relativamente buena. Estudió profesorado mercantil en la Escuela de Comercio de Alicante, aunque de manera paralela se fue formando de manera autodidacta en filología catalana. Estudió con profundidad la literatura y la gramática de la lengua, con especial atención a sus diferentes variantes dialectales. Por aquel entonces ya se empleaba de manera bastante generalizada en Cataluña la normativa impulsada por Pompeu Fabra, que de alguna forma daba consistencia al idioma y le daba impulso; puede decirse que Enric Valor fue quien la introdujo, y con gran efecto, en la ciudad de Alicante, a través del célebre periódico satírico El Tio Cuc. En 1930 se ofreció a su editor, José Coloma Pellicer, para que los textos siguieran la ortografía de Pompeu Fabra, adaptada a la variante dialectal propia. Desde entonces, el semanario del "diputat a Corts pel Rebolledo, defensor de la xusma i de la gent de tro" se convirtió también en una herramienta de promoción del valenciano en la ciudad –entre otros aspectos, difundió las Normes de Castelló a partir de 1932–, en un momento en el que su uso todavía era mayoritario entre las capas populares.

Durante la II República, Valor también colaboró en publicaciones de carácter nacionalista, como El Camí, El País Valencià y La República de les Lletres. Después de la Guerra Civil se estableció en Valencia y se centró en el estudio de la lengua desde una amplia perspectiva. Al tiempo que era profesor en los cursos de valenciano de Lo Rat Penat –mucho antes de que la histórica entidad se decantara hacia el secesionismo lingüístico–, fue recopilando narraciones de la tradición oral de toda la Comunidad Valenciana. Este proyecto cristalizó, al cabo de los años, en la publicación de las Rondalles Valencianes. Les velletes de la Penya Roja, La mare dels peixos, El dimoni fumador, L'envejós d'Alcalà, L'albarder de Cocentaina o El jugador de Petrer son sólo algunos de los títulos más conocidos, publicados por Edicions del Bullent en varios volúmenes a partir de la década de 1980 y leídos por miles de personas a lo largo de este tiempo.


Enric Valor en su casa de Valencia en 1998. Foto: Carratalá

La labor filológica de Enric Valor tuvo una finalidad sobre todo didáctica, con la publicación de numerosos manuales de apoyo para quienes estudiaran valenciano. Desde que el aprendizaje de la lengua autóctona entró como asignatura en los diversos niveles del sistema académico, estas obras se convirtieron también en herramientas básicas, aunque su publicación se inició antes, favoreciendo que muchas personas se formaran en el idioma autóctono cuando no era posible hacerlo de manera oficial. Un gran ejemplo de ello es Millorem el llenguatge (1971), junto con Curs mitjà de gramàtica catalana (1977). Algunas de estas obras incluso se publicaron en castellano, puede que quizá por exigencia de las circunstancias: Curso de lengua valenciana (1961) y Curso medio de gramática catalana referida al País Valenciano (1973). Ya en democracia y con el valenciano como lengua oficial autonómica, llegaron La flexió verbal (1983, considerada un manual imprescindible), Temes de correcció lingüística (1983), Vocabulari fonamental (1988) y Vocabulari escolar de la llengua (1989). También fue uno de los promotores de la revista cultural Gorg, lanzada en 1969 y publicada íntegramente en valenciano, y que desapareció en 1972 después de toparse con las trabas de la censura.

En el apartado literario, su primera novela fue L'ambició d'Aleix (1960), y ya en tiempo de democracia se publicaron Sense la terra promesa (1980), La idea de l'emigrant (1982),  Temps de batuda (1983) y Enllà de l'horitzó (1991), entre otros títulos. Castalla y su entorno fueron la gran fuente de inspiración para las obras de Enric Valor, aunque de una manera indirecta. El escritor creó la ficticia localidad de Cassana, donde transcurría la trama de Sense la terra promesa, Temps de batuda y Enllà de l'horitzó. A día de hoy, esa referencia supone un motivo de orgullo para muchos de los paisanos de Enric Valor. El escritor y filólogo siempre hizo patria de Castalla, donde contó con una importante admiración. El Ayuntamiento lo nombró Hijo Predilecto, aunque a título póstumo ya, pocos meses después de su fallecimiento, en julio de 2000. Residente de manera fija en Valencia, su última visita a su localidad natal fue en marzo de 1995, con motivo de un congreso sobre lengua y literatura valencianas.


Proyección de un vídeo de Enric Valor durante la sesión de su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, en 1999. Foto: Rafa Arjones

Enric Valor también mantuvo un intenso compromiso político con el valencianismo hasta su muerte, lo que le ocasionó muchas simpatías entre las instituciones, pero también antipatías, esto último sobre todo en los últimos años de su vida. En esa misma década de 1990, no obstante, recibió gran parte de sus reconocimientos públicos. Los primeros de importancia fueron el Premi de les Lletres Valencianes, en 1985, y el Premi d'Hoor de les Lletres Catalanes, en 1987. En 1993 fue fue nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de Valencia; en 1998, por la de las Islas Baleares, y en 1999 lo fue también por las de Alicante, Politécnica de Valencia y Jaume I de Castellón. Estas últimas distinciones ya no las recogió personalmente debido a su estado de salud, debilitado tanto por la edad como a consecuencia de una caída sufrida en 1997, pese a lo cual siguió realizando diversas manifestaciones públicas. El 13 de enero de 2000, el escritor y filólogo de Castalla falleció en su casa de Valencia, siendo homenajeado con todos los honores: dos años después de su muerte también recibió la Medalla de Oro de la Diputación a título póstumo. Tres lustros después, su nombre sigue siendo el de una figura destacadísima, imprescindible en el estudio del valenciano, y también ampliamente recordada desde el ámbito académico. El ejemplo más claro es el nombre de Enric Valor que llevan numerosos centros académicos, entre ellos el instituto de Castalla, en este caso después de una gran controversia en torno a la denominación ocurrida aún en vida del escritor. También da nombre a un premio literario en valenciano de la Diputación de Alicante, así como a una de las federaciones de Asociaciones de Padres de la provincia.

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