BIOGRAFÍAS DE PERSONAJES DEL SIGLO XX EN LA PROVINCIA

Paco Mollá, poeta de Petrer

Fue un poeta autodidacta que reflejó con sencillez los paisajes del valle del Vinalopó, y que sufrió en carne propia la represión de la dictadura por haber defendido la República durante la guerra, con la cárcel y el destierro, aunque los años de prisión le dieron, paradójicamente, una amplia formación intelectual. gracias a las relaciones que pudo establecer en aquellas duras condiciones

20.05.2016 | 00:46

Paco Mollá encarna la esencia de la poesía popular, la que se inspira en elementos tan próximos y mundanos como el paisaje más cercano. Una lírica sencilla y entendible, capaz de expresar emociones comunes de manera muy clara. Se trata de un arte construido de manera autodidacta y con un continuo esfuerzo de superación, que no siempre es valorado pero que a él sí se le reconoció en vida. Una existencia que, además de larga, fue el reflejo de la supervivencia a situaciones complicadas. La más difícil de ellas fue la represión que siguió a la Guerra Civil y que él sufrió en carne propia con siete años de cárcel y cuatro más de destierro. La traumática experiencia, no obstante, dio paso en la madurez de su vida a un amplio reconocimiento por parte de las autoridades y los vecinos de Petrer, la localidad en la que nació y murió, y que en la actualidad, casi tres décadas después de su marcha, todavía perdura su memoria.

Francisco Mollá Montesinos nació el 1 de marzo de 1902, en una familia de posición económica humilde que vivía casi a los pies del castillo de Petrer. No había tenido aún oportunidad de pisar la escuela cuando, en 1908, la familia emigró a Brasil. Tampoco en el país sudamericano pudo asistir al colegio, sino que con apenas seis años tuvo que ayudar en el trabajo en unos cafetales. Eso sí, allí comenzó su formación autodidacta y su inspiración poética. Los Mollá pasaron doce años en Brasil, hasta que en 1920 volvieron a Petrer. El futuro personaje ilustre comenzó a trabajar como montador mecánico en una fábrica de calzados de la vecina Elda. Estaría casi siempre ligado laboralmente al sector zapatero, lejos de cualquier formación académica especializada pero cultivando en todo momento la lectura y la escritura, así como forjándose una significación política de izquierdas.

Durante la Guerra Civil, Paco Mollá y sus hermanos combatieron en el frente de Guadarrama, en Madrid, en las filas republicanas; uno de ellos murió y el otro tuvo que abandonar España al final de la contienda. El poeta fue arrestado al regresar a Petrer, aunque quedó en libertad en mayo de 1939. Sin embargo, el alivio fue sólo un espejismo; a comienzos de 1940, y apenas unos días después de volver a Petrer tras residir unos meses en Elche con su esposa, Paco Mollá fue acusado por varios vecinos de haber participado en diversos actos violentos durante la guerra. Fue conducido a la plaza de toros de Monóvar, que en la más inmediata posguerra se utilizó como cárcel, pasando allí seis meses hasta que en octubre de 1940 fue conducido a la prisión de Alicante y condenado a 30 años de reclusión mayor tras un Consejo de Guerra.


Paco Mollá en 1987, en una imagen publicada en INFORMACIÓN.


Paco Mollá pasó casi seis años en la cárcel alicantina, una experiencia a todas luces muy traumática pero que, paradójicamente, para él fue un periodo de gran enriquecimiento intelectual, gracias a las amistades que forjó en aquellas duras condiciones. Allí conoció, entre otros, a Miguel Hernández –poeta autodidacta como él–, así como al periodista Francisco Ferrándiz Alborz y al dramaturgo y escritor satírico Jorge Llopis. Estas relaciones personales –todas ellas muy sólidas– fueron un gran impulso para su formación intelectual y para su obra poética, tanto en el aspecto formal como en el contenido de las composiciones. A principios de 1946, Paco Mollá fue trasladado a la cárcel madrileña de Carabanchel; su esposa, Justa Beltrán, se marchó a la capital de España para poder estar más cerca de él. El poeta quedó en libertad condicional en julio de ese mismo año, pero con la prohibición, eso sí, de residir en Petrer hasta el año 1962. En un principio, la pareja se quedó a vivir en Madrid.

A los cuatro años, en 1950, Paco Mollá y Justa Beltrán se establecieron en Elda, justo en la linde con Petrer, sin quebrantar el destierro pero sí desafiándolo de algún modo. A partir de 1952 comenzó la publicación de sus poemas en la revista Dahellos, y posteriormente en el periódico Valle de Elda, de una manera habitual. En 1962, finalizada la prohibición de vivir en Petrer, cruzó al fin la linde municipal y fijó para siempre su residencia en la localidad donde había nacido. Fue allí, y ya jubilado de su trabajo en el sector zapatero, cuando publicó sus libros de poesía, con la naturaleza y la religión como principales temas de inspiración. El primero fue Cuando las yemas revientan (1967), y después salieron a la luz Orto (1975), Luz en la senda (1980) y Alma (1980). Durante la década de 1980 su obra comenzó a ser estudiada, al tiempo que sus poesías se publicaban con regularidad en la Revista de Fiestas de Petrer. Con ello, su popularidad se hizo bastante notable.


Imagen publicada en INFORMACIÓN del entierro de Paco Mollá, en diciembre de 1989.


La edad de Paco Mollá era ya muy avanzada y su salud se resentía, pero no por ello menguaba su producción literaria: en 1988 publicó dos libros, Canciones del valle y Canciones del camino, que él mismo definió como capítulos de una trilogía. Sin embargo, la muerte de su esposa, el 6 de abril de 1989, le supuso un durísimo golpe tanto emocional como físico, del que ya no se recuperó. Tan sólo unos días después tuvo que ser hospitalizado y, aunque se restableció y anunció en una entrevista a INFORMACIÓN que seguía en la preparación del cierre de su trilogía poética, en el mes de diciembre de ese año ingresó de nuevo en el hospital, esta vez ya con un final fatídico. El poeta falleció el 22 de diciembre de 1989, dejando una gran consternación en Petrer. El volumen que dejó pendiente se publicó finalmente en 1991 con el título de Últimos poemas.

Paco Mollá es uno de los grandes personajes de Petrer en el siglo XX, tanto por su obra literaria como por su intensa trayectoria vital. En la actualidad no sólo se le recuerda con el nombre de un instituto de Secundaria de la localidad, sino también con el Certamen de Poesía Paco Mollá, que el Ayuntamiento de Petrer organiza desde poco después de su fallecimiento. Este concurso está organizado por una fundación en la que participa el consistorio y que se encarga también de divulgar la obra y la vida del autor. Estos aspectos, además, han sido estudiados desde colectivos locales y comarcales, haciendo hincapié en los aspectos más destacados de la vida de Paco Mollá, como los años que pasó en la cárcel y cómo esa experiencia repercutió en su formación y en su obra.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Esquelas del diario INFORMACIÓN - enelrecuerdo.es
Enlaces recomendados: Premios Cine