REPORTAJE. MEMORIA HISTÓRICA
DANI R. MOYA
Como si de una fúnebre y algo macabra cuenta atrás se tratase, los minutos que faltan
para la apertura de la fosa de la Guerra Civil española más conocida en todo el mundo, la que, según los investigadores, alberga los restos del poeta Federico García Lorca, corren hacia su hora cero, hacia el momento en el que las máquinas excavadoras abrirán de nuevo la tierra, 73 años después del crimen.
Las instituciones implicadas en el proceso firmaron el viernes pasado el protocolo necesario que da cobertura legal a que las palas inicien su trabajo, de manera inminente. Nada impide ya que sesenta años de investigación lleguen a su fin, que se desvelen algunos de los interrogantes que aún siguen flotando en un lugar que, con los años, se fue convirtiendo en un camposanto para el peregrinaje, para el recuerdo.
Los trabajos se centrarán en seis posibles fosas detectadas por los técnicos del Instituto Andaluz de Geofísica y comenzarán, previsiblemente, mañana lunes, una vez que se instale la carpa que garantizará la privacidad de todo el proceso, tal y como exigen los familiares. Un equipo multidisciplinar de historiadores y forenses llevará a cabo las tareas de identificación, que se prolongarán al menos cuatro meses.
El parque Federico García Lorca de Alfacar -situado a cinco kilómetros de Granada-, el lugar en el que se supone que reposan desde 1936, bajo un olivo, los restos del poeta español más universal, está cercado desde hace varios días por unas vallas que impiden la entrada a cualquier persona no autorizada, aunque eso no fue problema para que un "espontáneo" accediera al recinto con su georradar para realizar, sin ningún tipo de permiso, su propio estudio sobre la fosa.
La petición formal para horadar la tierra a la que atiende la Junta deAndalucía, después de un rocambolesco laberinto judicial que ha llevado ante los tribunales al propio juez Garzón, ha sido formulada por los familiares
del banderillero anarquista Francisco Galadí, que según las investigaciones fue asesinado junto a su compañero JoaquínArcollas -sin descendientes conocidos-, un maestro de escuela del pueblo granadino de Pulianas, Dióscoro Galindo, cuya familia no ha solicitado la exhumación -sí la que se considera "hija adoptiva" de su hijo- y un poeta, Federico García Lorca.
Pero un banderillero asesinado por anarquista durante la Guerra Civil no despierta tanta expectación, y a nadie se le escapa que aunque la familia del autor de "Romancero Gitano" se haya manifestado contraria a que se abra la fosa, son los restos del poeta los que han generado ríos de tinta, de enfrentamientos y acusaciones, de agrias polémicas y encontradas posturas desde que se aprobara la ley de la Memoria Histórica, marco legal en el que se sustenta todo el proceso.
Las investigaciones llevadas a cabo por el hispanista irlandés Ian Gibson, a partir de los datos que reunió otro investigador, Agustín Penón, sitúan el lugar en el que podrían estar los restos de García Lorca, los dos banderilleros y el maestro de escuela bajo un olivo, junto al barranco en el que hoy existe el parque en memoria del poeta, información que partió del enterrador de los cuerpos, Manuel Castilla Blanco. Pero no es la única hipótesis. Otro lugar donde podrían encontrarse los cuerpos de los cuatro fusilados se encuentra a poco más de 400 metros del lugar acotado por los investigadores
De Madrid a La Colonia. Poco podía imaginar el poeta granadino que acabaría bajo estos áridos campos de Alfacar cuando a principios de julio de 1936, en Madrid, tomó la fatal decisión de viajar a Granada para llegar a tiempo de pasar el día de san Federico en la Huerta de San Vicente -residencia de verano de los Lorca- junto a su familia. El trece de julio, el mismo día en el que fue asesinado José Calvo Sotelo y las cosas se ponían cada vez más feas, tomó en la capital el tren en el que él pensaba que se alejaría de un ambiente de radicalización social. Creía que en la quietud de Granada estaría a salvo de un conflicto que se acercaba a pasos agigantados.
Al amanecer del 18 de agosto, un mes después del día de su santo que quiso pasar con su familia, Federico García Lorca fue obligado por los falangistas a caminar por la carretera en el paseo entre Víznar y Alfacar junto almaestro de las escuelas nacionalesDióscoroGalindo y los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Después vino el silencio.