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CONSULTAS EXTERNAS

La excelencia sanitaria

Adrián Martínez

 02:28  
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Algunos días me da por ir al servicio de urgencias de cualquier hospital, bien solo, bien con algún necesitado: no es lo mismo que uno vaya acompañando a un familiar en una circunstancia de urgencia que uno acuda de forma voluntaria sin estar necesitado. Por gusto y por ver. Debe ser deformación profesional o cierto grado de auto-masoquismo. No digo yo que no sea ésa la cuestión.
Hace unos pocos dias, sin ir más lejos, me encontraba -de rodrigón- en el servicio de urgencias del Hospital General de Alicante y aproveché, de paso y por tiempo, para comprobar dónde estaba la tan manida, y publicitada a viva voz por nuestros altos cargos políticos en cuanto asisten a inaugurar algo, excelencia sanitaria ¿Excelencia sanitaria? No la vi. Me esforcé mucho, pero por allí no apareció. Debió ser que la cadena de montaje de la excelencia ese día no funcionó bien, no estaba de guardia o bien se habia marchado a otros hospitales de gestión privada. Que allí sí: la excelencia se vende a espuertas y no hay salas de des-espera por que antes de que te conviertas en un paciente molesto y caro ya te han mandado a un hospital de gestión pública. Y si eres un crónico ni te cuento. Y así la susodicha sala de dicho servicio estaba tan repleta que pensé en que allí se regalaba algo. Pero sólo eran pacientes apiñados, con caras de angustia, dolor y resignación, con miradas ansiosas buscando un alivio que, como media, solo llegaría -reloj en mano- unas dos horas después. Entre el tumulto y los lamentos de muchos hasta creí ver a un individuo que tenía el brazo izquierdo en alto -siempre es el izquierdo- y la mano en posición como de peineta. Igual era una luxación de hombro, un pasmo doloroso secundario a imitación de gesto, griego y romano, con mucho ahínco o lo mismo estaba mandando, así y allí, a la mismísima excelencia a tomar algo por ese recóndito lugar hallado en las últimas derivaciones de su propia espalda. Cabe la posibilidad de que el sujeto fue cura joven y ahora le había entrado la necesidad urgente de volverse gigoló y por eso consultaba de la misma forma y del tal guisa. Casos se han dado.
Y en este estado de cosas -la espera en urgencias da para eso y mucho más y si no te lo tomas con humor estás perdido- me dio por pensar que la sanidad de gestión pública valenciana está mal, que necesita una reconversión de la gestión que la saque del abandono a que está sometida, y agraviada de forma sistemática, y que eso sólo ocurrirá cuando las competencias sanitarias que tiene transferidas ésta Comunidad vuelvan a centralizarse. Así de claro. Con ello se conseguiría no solo devolver la confianza que necesita todo lo relacionado con la gestión pública sino también parar esta loca carrera de privatizaciones del sector sanitario. Esta inútil e insolidaria marcha hacia la mercantilización de uno de los pilares fundamentales del estado del bienestar que tiene su santo y seña en comunidades como Madrid, Galicia y, cómo no, Valencia.
Quizás lo que ocurra en el servicio de urgencias del Hospital General de Alicante, y en muchos otros de gestión pública, sólo sea reflejo de la total descoordinación entre los distintos niveles asistenciales, tanto sanitarios como sociales. Quizás -seguro- el sistema no dispone todavía de mecanismos de adaptación, tanto como de dinero y recursos, para hacer frente a la excesiva burocratización del mismo y por eso la listas de espera empujan al paciente, sobre todo al más desfavorecido socialmente, a acudir a urgencias. Eso tendría arreglo pensaba urgentemente. Sería cuestión de consenso, buena voluntad y tiempo. Pero la buena voluntad tiene en estos momentos una lectura exclusivamente política y es por eso que algunos aquí han entendido y extendido que la única solución al problema es generar otro: la privatización.
No voy a citar las innumerables desventajas -los que son favorables a este tipo de gestión no nos las van a contar- que la gestión privada tiene en cuanto a carencias, exclusiones, gestión de pacientes crónicos, limitación y desigualdades en la asistencia y en determinadas pruebas, encarecimiento de las mismas, selección y derivación de pacientes a la sanidad de gestión pública, externalizaciones de servicios, contratación digital de personal, falta de promoción profesional y la capacidad de decisión delegada en supragerentes que aparecen como magos al margen de necesarios consensos. Basta recordar que hasta la mismísima OMS -en determinados informes de salud- considera que este tipo de gestión tiene sus claras deficiencias. Sin embargo no quiero dejar pasar de largo el asunto de la pérdida democrática que supone un sistema de esas características pues la gestión privada deja a las autonomías sin posibilidad de hacer políticas de salud: el contrato con la empresa concesionaria no se puede romper en 30 años y por lo tanto deja poco margen de adaptación a las necesidades futuras. Aparte los ciudadanos dejan de tener el poder porque dará igual a quién voten. Porque yo soy, por todo ello, de los que desean blindar de forma urgente la gestión de la asistencia sanitaria a la Administración o a una empresa estrictamente pública. Sencillamente creo que la tan publicitada "excelencia sanitaria valenciana" supone en estos momentos elevar a la categoría de indispensable el regirse exclusivamente por criterios de mercado, es decir la búsqueda de beneficio, mientras se desmantela progresivamente todo lo que tenga que ver con la equidad, la igualdad y la solidaridad. Como dijo alguien "más vale malo conocido y público que privado por conocer", pues en el conocimiento va implícita la solución. Casi siempre.

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