CÈSAR PALAZUELOS
La sesión plenaria de ayer en Pego se caldeó hasta tal extremo que el ambiente recordó al de hace unos años bajo el mandato del ex alcalde ahora en prisión, Carlos Pascual. Era la segunda ocasión en la que el tripartito que gobierna la localidad (Ciutadans de Pego, PSOE y Bloc); y el PP se enfrentaban cara a cara. Los populares acudieron al pleno con una moción bajo el brazo en la que alertaban de posibles efectos negativos de la salmuera de la planta desalinizadora de Dénia en las aguas del Marjal así como del impacto de la misma instalación en el Racons, la tradicional zona de veraneo de mucho pegolinos. El PP pretendía así que el Ayuntamiento de Pego se opusiese oficialmente a la ubicación escogida por el Ministerio de Medio Ambiente.
Los populares presentaron la moción por escrito junto a otras tres. Al solicitar el debate del documento el alcalde, Carmelo Ortolà, explicó que «no vemos la urgencia y en todo caso convocaremos un pleno extraordinario para analizar la cuestión». Una decisión que desde el PP fue interpretada como que «todos los municipios afectados por la desalinizadora han dado su opinión pero el de Pego no». «Los partidos tienen que mojarse pero usted está intentando esconderlo», criticó el concejal popular Eduardo Síscar.
Los nueve votos del tripartito formado por independientes, socialistas y nacionalistas impidieron que la moción fuese debatida.