La media luna, a la conquista de Calp

La playa del Arenal es escenario del desembarco de las tropas moras para hacerse con el control de la villa

19.10.2016 | 00:57

La playa del Arenal de Calp despertó ayer bajo los atronadores arcabuces de las tropas moras que iban a desembarcar en la arena dispuestos a dar batalla por conquistar la villa. Es el acto del Desembarco, uno de los más esperados de las fiestas de Moros y Cristianos de Calp por el espectáculo que brindan en la playa. En él, las tropas moras van a la conquista de la villa por mar mientras los cristianos, inferiores en número presentan batalla. Una atronadora exhibición de pólvora y escenificación teatral que cautiva al público asistente cada año. Amenazó negrura para la villa desde primera hora de la mañana. Antes del mediodía, seis barcos de tropas sarracenas se dejaban ver por Ifach, desde la punta del Carellot, y se aproximaban a la costa para tomar el control de Calp.

El bando cristiano esperaba en la playa dispuesto a defender el poblado. Con uñas y dientes no iban a permitir dejar caer su tierra en manos moras y, aunque en minoría de tropas, el capitán cristiano no estaba dispuesto a frenar el avance de la conquista. Pero el capitán moro, visibles sus banderas desde todas las embarcaciones en el mar, no quería perder su nueva tierra.

Con el jaque hecho a los cristianos, y con un cielo que nada bueno hacía presagiar, las tropas sarracenas asaltaron la orilla sin piedad. Primero, fue un gran estruendo. La playa se llenó de luz y fuego. La pólvora quemada invadió de humo toda la orilla. Cruzaron espadas con los cristianos pero el avance moro no se detuvo. Las huestes de la media luna empezaban a ganar terreno, vencían en la playa y subían amenazantes por la avenida Gabriel Miró, con el fin de empezar a prepararse los dos bandos para el gran espectáculo que iba a tener lugar por la noche en la Plaza Mayor. El «Miracle» iba a decidir por la noche el destino de Calp.

Este acto no pierde emoción aunque todos sepan la historia. Arrancó anoche su representación en la Plaza Mayor como colofón a la fiesta de Moros y Cristianos y los calpinos y calpinas van repitiendo los diálogos junto a los protagonistas. Los conocen de memoria. Hay historias grabadas a fuego.

El tormento de Moncófar y su traición mueve por momentos a avisarle de que su delirio lo llevará a la muerte, pero no hay remedio, la historia se repite, morirá y Calp se lamenta. Casi hasta se apena de su desgracia y ahí está la grandeza de este pueblo que resurge más unido ante la afrenta. Se conmueven con su miseria. Y surge su perdón. Todos lo veían venir.

Ayer, de nuevo, Calp obró el milagro de convertir esta representación en más que teatro. El «Miracle» es sentimiento y los calpinos lo viven como el momento en que empezó su andadura como pueblo. Acaba con el himno compuesto por el maestro Fernando Penella Vicens y al que puso letra Juan Fernández de Ybarra Moreno.

La escenificación tuvo la fuerza de siempre y toda la emotividad que imprimen los actores. Moncófar reniega de la fe cristiana y de su pueblo, Calp. Busca venganza porque su padre, mahometano, murió a manos de los cristianos. Traiciona a sus vecinos y conduce a los sarracenos a la conquista de Calp. En un momento le asaltan las dudas. Las lágrimas le recorren el rostro pero «el demonio», como él mismo dice, lo empuja a ponerse al servicio del enemigo y franquearle las puertas de la villa cristiana.

La batalla de arcabuces hace temblar toda la Plaza Mayor. Moncófar cae. Y, en el portón del castillo, se ilumina una cruz. Ahí acaba el «Miracle». Con licencias, pero el hecho histórico ocurrido un 22 de octubre de 1744 inspira esta historia. Lo siguiente sí es leyenda, aunque los calpinos llevan a los libros como historia propia. A Caragol, un cristiano enclenque le ayuda el Crist de la Suor para cerrar el portón y evitar que los sarracenos irrumpan en la fortaleza. Ahí surge la devoción del pueblo por su patrón.

El «Miracle», declarado Fiesta de Interés Turístico Autonómico, acabó con fuegos artificiales. Los calpinos, que abarrotaban la plaza, se pusieron en pie y cantaron el himno. Es el momento más emotivo de las fiestas de Moros y Cristianos. El acto es especial porque hermana a todos los vecinos. El «Miracle» logró que todos los calpinos y calpinas fueran de la mano. Anoche, hubo un instante de comunión y fervor colectiva entre todo el pueblo.

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