Semana Santa

El Poderoso vence la estrechez en Calp

Los costaleros de la Hermandad del Gitano llevan el trono por las calles más angostas del casco antiguo

24.03.2016 | 07:56

El paso fue transportado entre aplausos, emoción y saetas. Las calles se llenaron de gente para contemplar una procesión de mucha hondura y sentimiento.

­Justo y Poderoso. El Cristo de los Gitanos, el Poderoso, pasó anoche por las estrechas calles del centro histórico de Calp justísimo, por los pelos. En la calle Balmes, que es un cuello de botella, el trono se quedó a centímetros de las fachadas de las casas. Los costaleros no sólo se dejaron hasta el último gramo de fuerza en la procesión. También demostraron una destreza absoluta. El capataz los guió con maestría. Y cuando intuía que podían desfallecer, sabía insuflarles coraje. «Al cielo con él», espetó a los costaleros para transmitirles todo el misticismo de una procesión que destila hondura y sentimiento.

La Semana Santa de Calp vivió anoche su primera procesión, la de la Hermandad del Cristo de los Gitanos. La primera «levantà» nada más salir de la iglesia de la Mare de Déu de les Neus fue en memoria de las víctimas de los atentados de Bruselas.

Desde ese primer momento, la emoción estaba a flor de piel. Fue una de esas noches cargadas de electricidad y sentimiento.

La excelente Agrupación Musical de Nuestra Señora de la Piedad, de Oliva y que contaba con unos 80 músicos, contribuyó mucho a que el público se estremeciera. Esta procesión no se vive con la ortodoxia y el silencio de otras. Pero es apasionada como pocas.

Además de la salida de la iglesia, otros momentos álgidos son cuando la imagen atraviesa el arco de la muralla medieval de la Peça y, por supuesto, cuando el trono se adentra en calles tan angostas como Cervantes, Balmes y Sant Josep. El capataz se entrega y despliega expresiones muy pintureras. Se le escuchó animar a los cofrades a «mecer» y «acunar» al Cristo mientras los músicos acompañaban ese paso con una melodía como de nana. Esta procesión, que es el tercer año que se celebra, tiene muchísimos matices.

Las saetas y algún arranque flamenco le dan expresividad y sentimiento. Las estrechas calles parecen abrirse, ensancharse para que pase el Poderoso, que sale victorioso de tanta apretura. Y el público aplaude entonces con fervor, sorprendido de que un trono de esas dimensiones se abra camino por las callejuelas. Justo, justísimo y sobre todo Poderoso. Así es el Cristo de los Gitanos.

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