La Xàbia sumergida

Las 22 rutas submarinas descubren galerías y pasadizos, praderas de posidonia y fondos coralígenos, los barcos hundidos «Vaporet» y «El Danés» y una explosión de vida acuática

25.01.2016 | 04:16
La Xàbia sumergida

Los nuevos turistas cambian la chanclas de la playa por las zapatillas de trekking y las aletas. También reniegan del botellón y se enganchan a otras botellas, las de buceo. Quieren subir a la montaña más alta y sumergirse. En el fondo del mar, están, por tanto, las llaves del nuevo turismo.

Xàbia ha descubierto casi de sopetón que en sus 25 kilómetros de litoral tiene un filón. Pero no mira ya a la superficie, donde hay atasco de barcas de recreo, sino más abajo, a un mundo secreto e intrincado de galerías y pasadizos. Un mundo que bulle de vida.

El departamento de Turismo, aliado con los centros de buceo, quiere sacar a flote esa Xàbia sumergida. Ha publicado una guía de inmersiones que recoge 22 rutas, de las que nueve están en la reserva marina del Cap de Sant Antoni, un litoral de acantilados de gran riqueza submarina, y el resto salpica la escarpada costa situada al sur de la bahía de Xàbia, desde el Cap Prim a la Granadella.

En los fondos rocosos, las comunidades coralígenas, gorgonias, sombrillas japonesas, anémonas, hodrizoos, esponjas o madréporas forman jardines imposibles, de vivísimos colores. Mientras, en la plataforma arenosa crecen inmensas praderas de posidonia oceánica y cymodocea nodosa.

Esos paisajes submarinos siempre sorprenden. Además, en las rutas que se arriman a los acantilados o que rodean islotes como el de la Mona (Cap de Sant Antoni), el de l'Illa del Portitxol o el de Sant Pere (Cap Negre) los buceadores se adentran en cavernas en la que apenas penetra la luz del sol. Los contraluces y las tinieblas hacen mágicas las inmersiones.

Estas rutas incluyen inmersiones a dos pecios, el de El Danés, un navío de más de cien metros de eslora al que es muy complicado llegar (un reto para el buceo técnico), y el Casquet o Vaporet, un mercante centenario.

La fauna también es de otro mundo. Es fácil que sobre los buceadores pase un banco de peces luna. O que se asombren al descubrir a un congrio, una morena o un mero asomar por una oquedad.

Las rutas también tienen su historia. El fondo marino está plagado de restos arqueológicos, sobre todo romanos. Pero hay otras historias más cercanas. A los buceadores y turistas más curiosos les gusta saber por qué la cala que está junto a la escollera de Levante del puerto (aquí es donde el Cap de Sant Antoni comienza a hacerse más abrupto) se llama del Pope. Y es porque hace años un jerarca ortodoxo de luenga barba le cogió afición a esta cala, a la que acudía con la sotana, que se quitaba para darse un chapuzón. Mientras, en la inmersión del Cap Prim, los buceadores se cuelan en la llamada Cova de la Verge. Allí dentro hay una imagen de azulejo de la Mare de Déu dels Desemparats. Se colocó hace ahora 20 años.

La Xàbia sumergida es un paraíso para los buceadores.

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