Calp

La Hermandad del Silencio, a escena

Representa la obra «Spot» para recaudar fondos para comprar unas nuevas andas al Cristo de Calp

22.01.2016 | 01:29
Los miembros de la Hermandad del Silencio representarán la obra «Spot».

Dos años en silencio era pedirles mucho. Subieron a las tablas en noviembre del 2013 para interpretar la obra «Besos», de Carles Alberola, y a más de uno se le quedó el gusanillo del teatro.

Además, es su modo de financiar ese proyecto con el que siguen en la Hermandad del Silencio de comprar unas andas nuevas al Crist de la Suor, la talla que procesionan el Jueves Santo en Calp. Cada entrada sirve de donativo.

Música y mucho humor
Repiten con texto del autor alcireño que ensayan desde septiembre. Los miembros de la hermandad regresan este viernes (y el sábado, ambas a las 21:30h) al Auditorio de la Casa de Cultura para poner bajo los focos «Spot», un texto adaptado –porque en la Hermandad son más de cuatro actores, no como en la original– que esta vez no va de la vida loca de las relaciones de pareja pero tampoco se queda corta. Música hay, y relaciones complicadas, también. E ironía, a raudales.

Spot quiere ser la crónica festiva de la influencia de la publicidad en el día a día. Y de paso, la hermandad da otro soplo de aire a la escena teatral calpina. La obra se ríe de los trucos publicitarios. Y de las situaciones de los personajes. Y de sus vidas.

Además, a todo esto, se mezcla ese humor tan desganadamente optimista de Alberola. Ése donde los personajes son tan triunfadores en algunos aspectos y tan perdedores en otros. Los hermanos lo clavan. ¿Va bien el negocio? Entonces la vida sexual es un fracaso. O no, según se mire. ¿La vida social es perfecta? Pues el trabajo, la familia o cualquier otra cosa deben ir mal ¿o van según otros cánones? Mucho lío todo.

Director de excepción
Para ello cuentan con el apoyo de un actor local metido en esta obra a director, José Luis Martín, que rezuma humor en cuanto sube a un escenario. Él ha conseguido acoplarla a la personalidad de los protagonistas pero, sobre todo, ha sabido hacerles disfrutar. Porque todos ellos son aficionados pero se mueven bien en el escenario. Martín es un torrente de expresividad y sentimiento, se ha entregado al proyecto, le ha echado horas y reconoce, ante el estreno, que tiene los nervios de un niño con zapatos nuevos. Debuta como director y va para nota. A sus actores les agradece «el empeño, el dominio de la escena, la emoción, el valor y en ocasiones la vergüenza o la poca, no se sabe». Lástima que con esta obra termine la hermandad el pago de las andas, deberían haber sido compradas a plazos para poder seguir disfrutando de más obras de teatro. De Alberola, por supuesto.

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