El vecino de los ataúdes de Dénia vuelve a la carga

La Policía Local ha denunciado al hombre por instalar ahora cámaras de vigilancia en la calle

13.01.2016 | 00:24

Primero colocó lápidas. Después, en otro guiño macabro, puso ataúdes. Pero la cruzada de un vecino de la calle Cavallers de Dénia contra un restaurante contiguo (asegura que el ruido le ha arruinado su calidad de vida) ha dado ahora un giro más tecnológico. Este propietario ha instalado cámaras de vigilancia. Las cámaras dan a la calle. Una enfoca la entrada de la vivienda de la calle Cavallers y otra mira directamente al patio del restaurante l'Escoleta que, según este vecino, le amarga las noches y no le deja pegar ojo.

La policía local de Dénia levantó ayer un acta de denuncia por la colocación en la calle (las paredes son del propietario, pero los dispositivos están en la vía pública) de las cámaras. El acta se enviará ahora a la Agencia Española de Protección de Datos. Vigilar, como el gran hermano orwelliano, la calle, está prohibido. La Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos lo cataloga como infracción grave. La sanción oscila entre los 40.000 y 300.000 euros.

El vecino solo se salvaría si las cámaras fueran de pega, lo que él mismo negó ayer. La videovigilancia funciona. Pero incluso el cartel que anuncia a los viandantes (y, en este caso, a también a los clientes del restaurante que deciden cenar o comer en el patio) que son observados es bastante sui géneris. El cartel reglamentario avisa de la zona de videovigilancia, cita la ley 15/1999 y especifica el nombre del titular del local (estos sistemas de seguridad se instalan en comercios, bancos y también en iglesias) ante el que ejercer posibles reclamaciones. Sin embargo, la leyenda reza aquí: «cámaras de vigilancia en gravación [falta de ortografía incluida] las 24 horas».

Este propietario ha expresado hasta ahora de forma muy peculiar (y pelín macabra) sus quejas por la escandalera que, según él, ocasiona el restaurante.

Colocar un ataúd de cara al negocio y visible desde la calle Loreto llevó al ayuntamiento a investigar si podía instarle a retirarlo. Pero toda la decoración funeraria está en su propiedad. Las cámaras, en cambio, sí se asoman a la calle.

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