Un militar de Ondara en los despachos de la guerra

Valeriano Bosch llegó a general tras su notable carrera en la administración del ejército y fue destinado a Cuba

25.11.2015 | 00:53
Un militar de Ondara en los despachos de la guerra

El general Bosch. Tiene una avenida en su pueblo, pero pocos vecinos saben quién fue el general Valeriano Bosch (1853-1931). Católico, monárquico y de familia acomodada, su primer destino fue Cuba, donde ya se mascaba el desastre del 98. Un libro del archivero de Pego Joan Miquel Almela recupera a este militar que quiso reformar la administración del ejército.

No fue un militar de trinchera. En el frente, en hechos de armas, solo participó durante cuatro meses y 29 días en Cuba y durante un mes y 28 días en Melilla. Es poca cosa en más de 40 años de servicio. La barricada tras la que estuvo Valeriano Bosch era de papeles, de órdenes de intendencia, de libros de contabilidad y de expedientes y partes de todo tipo. Este militar nacido en Ondara en 1853, hizo carrera en la engorrosa tarea de llevar la administración de un ejército que, por entonces (la época de la Restauración), era una máquina vieja y polvorienta.

El archivero de Pego Joan Miquel Almela ha recuperado ahora la vida de este militar de despacho, de retaguardia, quien nunca, pese a sus continuos cambios de destino, perdió su vínculo con Ondara. La biografía de Valeriano Bosch forma parte de la colección «Personatges i fets d'Ondara», que edita la «Associació Cultural Ocell».

El primer destino de Valeriano Bosch fue Cuba. Llegó a Ciego de Ávila con 23 años. Conoció las trochas (empalizadas y fortines de madera que protegían poco) y las dificultades de los combates en la manigua. Vivió la Guerra de los Diez Años y la Guerra Chiquita y regresó a España en 1895 cuando había estallado la Guerra de la Independencia cubana. En la Habana, se sacó la carrera de Notariado. En el Ciego de Ávila se casó con Amalia Díaz y allí nacieron sus tres primeros hijos (tuvieron nueve). Su último destino en Cuba, de dos años, fue en Cienfuegos.

Valeriano Bosch ya vislumbró en esa primera etapa en la isla que la administración del ejército (se ocupa, entre otras casas, de la intendencia, la contabilidad o la tesorería) estaba desfasada y oxidada. El ejército era alérgico a los cambios. Se convenció de la urgencia de reformar la administración. Su ambicioso proyecto de «Reorganización de la Administración Militar de España» salió de imprenta en 1896. Lo consiguió publicar pese a las muchas reticencias, cuando no abierto rechazo, que sus cambios suscitaban en el estamento. Su prologuista, el también militar Narciso Amorós, explicó en el prólogo que las reformas propuestas por el general Bosch «destruían el error de muchos militares» de considerar que los regimientos seguían siendo «los tercios de Flandes o compañías de aventureros» en las que «cada capitán era un contratista de soldados» que «paga como un asentista de acémilas». Valeriano Bosch proponía una división más especializada de la administración del ejército. De alguna forma, anticipó la Real Orden de 1911 que escindía la administración militar en dos cuerpos: el de intendencia y el de intervención.

El general pasó a la reserva en 1918. Pidió autorización para establecerse en Ondara, su pueblo natal al que regresaba cada verano y donde tenía una casa en la partida de Pedregals. Católico, monárquico y de una familia acomodada y enriquecida por el entonces ya declinante comercio de la pasa, sus vecinos le profesaban un gran respeto. En 1919, el ayuntamiento decidió ponerle su nombre a una avenida. Valeriano Bosch compró seis bancos de piedra para colocarlos en su calle.

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