«god save the nation»

23.06.2016 | 00:44

El asesinato de la diputada británica Jo Cox parece haber invertido la relación numérica entre partidarios y contrarios a la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Encuestados y apostantes priman ahora la continuidad, después del pánico sembrado en los circuitos financieros por el apoyo mayoritario a la salida. A primera vista, la causa del vuelco sería emocional, factor en absoluto descartable en la argumentación secesionista, cuyo avance ha desafiado la razón objetiva de un status de excepción en el seno de la Unión, la mejora de las condiciones de permanencia pactadas por Cameron en Bruselas, las cuentas reales de lo que se aporta y recibe y, desde luego, el cerrojazo a la entrada de inmigrantes como nueva excepción al compromiso asumido de mejor o peor grado por los Estados comunitarios.

El factor emotivo humaniza en ocasiones la frialdad insolidaria de las economías neoliberales, pero en otras deforma la realidad de los hechos. El poderoso Schauble, ministro alemán de Economía, advierte que el sí y el no conllevan efectos absolutos, sin componendas ni medias tintas. Cameron los califica de «irreversibles». La jefa de la Reserva Federal, Janet Yellen, contempla una crisis internacional muy grave. Los 300.000 ingleses que residen en España perderían las facilidades del mejor sistema de salud de Europa. Y los turistas que hoy suman el mayor contingente mundial de visitas a España guardarían en el calcetín sus libras devaluadas. Nuestro país exporta al Reino Unido por valor de 18.000 millones de euros anuales, cuando las importaciones no pasan de 12.000.

Todo esto, y mucho más, está amenazado por la hipótesis de salida. Es muy difícil entender que el brexit se haya hecho fuerte por reacciones emocionales excitadas desde la abyecta demagogia nacionalera. Igual que ocurre entre los xenófobos franceses, austriacos, escandinavos, etcétera. La razón práctica está siendo pisoteada por la peor de las doctrinas reaccionarias. Donde dicen «la reina», los ingleses deberían cantar «God save the Nation», o no la salvará ni el médico chino. En lo que nos toca más de cerca, he ahí el peligro de los referendos.

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