Un gol al arcoiris

La política y el Hércules (I)

30.09.2016 | 03:33
La política y el Hércules (I)

a tentación de los políticos por hacerse visible y/o controlar los clubes más representativos de sus ciudades, es como diría aquél legendaria. El Hércules no se ha salvado de las garras de los políticos, como organización relevante de la ciudad a quien representa. Este análisis, negro sobre blanco de las idas y venidas de los políticos de distintos pelajes, comienza, como en todo relato que se precie, por el principio, y para ello tenemos que viajar al pasado, en concreto a la primera temporada en la que el Hércules militó en Primera División. Hablamos de la 35/36. Por aquella época era presidente José Antonio Larrinaga. Al finalizar la temporada con gran éxito, empatados a puntos con el Barcelona y eliminados en semifinales de Copa contra el Real Madrid, se elige en junio nuevo presidente a Eladio Pérez del Castillo.

La mala suerte se ceba con el Hércules y España al comenzar la contienda con el levantamiento de los rebeldes el 18 de julio. La guerra estalla, y las vendettas comienzan. En Alicante, dentro de la denominada zona roja o republicana, la directiva herculana se vio obligada a poner a disposición de una llamada «Comisión de incautación de industrias», organismo del Frente Popular, la sociedad, sus pertenencias y cargos. Deciden los de la citada comisión cambiar la directiva y sustituir en la presidencia a Eladio Pérez del Castillo por Enrique Picó, que ya lo fuera en los años veinte. El latrocinio político se llevó a cabo con la singularidad de que el recién elegido presidente herculano, Pérez del Castillo, era un reconocido republicano que había recibido en su casa en numerosas ocasiones a quienes fueran, presidentes del Consejo de Ministros, presidentes del Congreso de los Diputados, y ministros en numerosas ocasiones, como Martínez Barrio y Chapaprieta, torrevejense para más señas. Quizás su catolicismo practicante, su pertenencia a familia adinerada de la alta burguesía y su condición de Ingeniero jefe de Hacienda, pesaron a la hora de su destitución. Poco después, fue preso durante meses en el Castillo de Santa Bárbara habilitado como cárcel. Finalizada la Guerra Civil, recuperó su cargo y estuvo al frente del Hércules dos temporadas en la máxima categoría.

Es indudable que, durante la dictadura franquista, el Hércules estuvo al servicio del régimen, con cierta visibilidad durante los primeros años, pero como lo estaban todos los estamentos futbolísticos y de cualquier otra índole del país, más por signos externos –brazo en alto de los contendientes previo al partido– que por el intervencionismo. Todo ello fue difuminándose con el paso del tiempo, pasando por la presidencia del club personalidades destacadas de la sociedad alicantina, muchos de ellos poniendo su patrimonio y trabajo al servicio de la entidad, compitiendo en primera en los cuarenta bajo la presidencia de Alemany, en los cincuenta con Guixot y en los sesenta con Ferrer Strenge, por lo que nada a destacar en este aspecto que no ocurriera en otros lares. Que se lo pregunten si no al Atlético de Madrid, que pasó a llamarse Atlético de Aviación, proclamándose campeón de Liga en las temporadas 39/40 y 40/41.

Pocos años antes de la recuperación democrática, un personaje definitivo y trascendental para la historia del Hércules, se hace con las riendas del club. José Rico Pérez llega a la presidencia, y con él el ansiado ascenso tres años después a Primera, temporada 73/74, y como guinda, la construcción de un nuevo estadio, que llevaría su nombre, para abandonar definitivamente el siempre recordado La Viña. Su mandato expira en 1984 tras más de una década de brillante trayectoria. Durante su presidencia, una vez recuperadas las libertades, Rico Pérez, constructor de éxito, no ocultó nunca sus preferencias políticas hacia el PSOE. Tal fue, que era vox populi la colaboración en todos los comicios del presidente constructor con los socialistas, haciéndose cargo del importe de la bolsa de comida de todos sus interventores. Ya con el PSOE gobernando Ayuntamiento, Diputación y Consell, Rico Pérez intentó, a través de Lassaletta, militar en el partido socialista, él ya fue militante ugetista durante la guerra, pero la enemistad de gobiernos municipal y provincial, alcalde y presidente de la Diputación a la sazón secretario general de los socialistas alicantinos, impidió que el añorado Rico Pérez tuviera en sus manos el carné del puño y la rosa. Injusticias de la vida con un hombre que puso el listón de la presidencia del Hércules tan alto que pasarán muchos años para poder superarlo.   

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